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Análisis

Desmoronamiento británico

Carlos Carnicero Urabayen

Cameron puede pasar a la historia como el primer ministro que condujo al país fuera de la Unión y como el líder que precipitó su desintegración

Hay explosiones controladas y luego está el referéndum británico. Es difícil imaginar un voto con consecuencias más disgregadoras para un país y el conjunto de la Unión EuropeaDavid Cameron podría pasar a la historia como el primer ministro que condujo a su país fuera de la Unión y también como el líder que precipitó su desintegración. Escocia e Irlanda del Norte, las dos naciones que junto con Inglaterra y Gales componen el Reino Unido, inician hoy su carrera para separase y tratar de recuperar su espacio en Europa.

Que el Reino Unido era un miembro especial ya lo sabíamos. Winston Churchill defendió la creación de los «Estados Unidos de Europa», pero los británicos pensaron entonces que ellos mejor fuera. Arrepentidos, trataron de entrar durante los 60 y se enfrentaron al veto francés hasta en dos ocasiones porque el general De Gaulle pensó que eran un caballo de troya de EEUU. Entraron en 1973 y a los dos años amagaron con marcharse. Siempre se han sentido una isla.

Los británicos fueron un socio clave para la UE. Por el tamaño de su economía (la segunda después de Alemania) y también por su apertura comercial e ideas liberales, un contrapeso del proteccionismo francés y de la inquietante influencia alemana. El mercado único y las sucesivas ampliaciones no podrían entenderse sin el sello británico. Pero desde hace una década el Reino Unido ha sido un auténtico freno para la Unión, y desde hace un año es un auténtico dolor de muelas.

Cameron logró que los 27 restantes líderes de la UE firmaran un acuerdo que le permitiría discriminar a europeos en las ayudas sociales, generando un precedente contrario a la esencia de la ciudadanía europea. Ni siquiera le ha valido para ganar el referéndum. Aquel acuerdo muere ahora, en teoría, pero el precedente será utilizado por otros países para discriminar a los no nacionales. Los británicos se marchan, pero antes han desnaturalizado la Unión.

Nicola Sturgeon, ministra principal de Escocia, ha afirmado que el resultado es democráticamente inaceptable para los escoceses y que representa un cambio material para Escocia en el Reino Unido, que inicia la carrera para un nuevo referéndum de independencia cuando no han pasado dos años del anterior. La razón es sencilla: una mayoría de escoceses han votado para permanecer en Europa.

En Irlanda del Norte, Martin McGuinness, líder del Sinn Féin, ha solicitado un referéndum para decidir sobre la reunificación con Irlanda, por las mismas razones que Sturgeon. Comparado con el referéndum de 1975, el euroescepticismo ha bajado en ambas naciones y se ha disparado en Inglaterra, auténtico motor del nacionalismo que ha logrado precipitar la separación con Europa.

Cameron se acordó ayer de dos de sus antecesores: Margaret Thatcher dijo que los referendos, exóticos en la tradición británica, son el instrumento favorito de dictadores y demagogos, y Tony Blair, artífice de los acuerdos de paz en Irlanda del Norte y de la descentralización territorial que ahora implosiona.

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