Pequeño observatorio

La fotografía de un Cela caminante

Amable y cordial, el escritor ejerció la inteligencia de la sencillez durante los días que duró el viaje

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Camilo José Cela, durante su viaje por el Pirineo de Lleida..

Camilo José Cela, durante su viaje por el Pirineo de Lleida.. /

He leído en este diario un texto largo que ocupa cuatro páginas sobre Camilo José Cela, el escritor castellano de origen gallego que fue distinguido con el premio Nobel. Hace 100 años de su nacimiento, y EL PERIÓDICO ha tenido el acierto de pedir a su hijo, José Cela Conde, que escriba sobre su padre. Es un texto excelente, de calidad literaria, que he leído con interés especial porque tuve una entrañable relación personal con aquel gran escritor y singular personaje. Una relación que se inició en la redacción del semanario 'Destino', en el que coincidíamos. Él había publicado 'Viaje a la Alcarria' y pensé que yo también podía hacerlo y escribir un viaje a pie. Poco después Cela me escribió y me propuso que lo hiciéramos juntos, porque la caminata sería por tierras de lengua catalana -Pallars y Vall d'Aran- y se sentiría más acompañado.

Decía, al comenzar este artículo, que he leído con satisfacción lo que ha escrito Cela Conde. Y me ha gustado volver a ver, reproducida la página entera, una fotografía que le hice yo, aunque no conste. Ese día acerté con la foto. El hijo de Cela la describe: «La fotografía muestra a un hombre todavía joven, de cara oscura y poblada y la mirada perdida en la lejanía. Lleva boina y está sentado en la escalinata [solo era un escalón, o dos] que hay en el pórtico de una iglesia románica del Pallars Sobirà. Cerca del mentón yergue un cayado...».

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Es la foto de un Cela que aún no se había convertido en un personaje espectacular. Un Cela amable y cordial, que durante una serie de días ejerció la inteligencia de la sencillez. Cuando publiqué el libro del viaje imprimí esta dedicatoria: «A Camilo José Cela, que cosechaba las flores y los silencios con una enternecida solemnidad». Cuando años más tarde él publicó su libro del viaje, me dio un ejemplar con esta dedicatoria, en catalán: «Al meu amic Josep Maria, quàquer barceloní, mestre en trotades de llop i home de bé».

¡Cómo han pasado los años y las cosas!