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El perfil simbólico del club azulgrana

Bartomeu y la 'era Messi'

Enric Marín

El Barça precisa una identidad con atributos culturales, éticos y estéticos de dimensión local y global

El excelente documental dirigido por Francesc Escribano sobre Josep Suñol y la querella de Jaume Roures contra Sandro Rosell y el club nos hablan de lo mejor y de lo peor del FC Barcelona como institución. La memoria del presidente asesinado nos da pistas sobre cómo actualizar la identidad simbólica del Barça en la época de las comunicaciones globales. Y los hechos denunciados de forma curiosamente diferida por Roures nos hablan de un estilo de gestión absolutamente lamentable.

Creo que la paradoja más llamativa del Barça de estos últimos años es que la tanda de éxitos deportivos más importante en la historia del club han sido posible pese a recurrentes momentos de inestabilidad institucional. Parte de la explicación de los éxitos hay que buscarla en la continuidad del estilo definido por Cruyff y en la coincidencia de un grupo extraordinario liderado por un futbolista único: Leo Messi.

En el futuro se hablará de la era Messi para referirse a la actual hegemonía culé en el fútbol. Los datos son contundentes: desde aquel 16 de octubre del 2004 en que debutó en partido oficial con el primer equipo, el club ha sumado 7 ligas, 3 Copas del Rey, 6 Supercopas de España, 4 Champions, 3 Supercopas de Europa y 3 Mundiales de Clubs.

CÍRCULO VIRTUOSO

En estos años ningún otro equipo ha hecho nada parecido. Ni remotamente. Messi ha compartido vestuario con jugadores tan referentes como Ronaldinho, Etoo, Xavi, Puyol, Henry, Abidal, Valdés, Yaya Touré, Pedro, Cesc o Villa. Pero no tiene sentido hablar en pasado de su época. Ya es una leyenda, pero no ha cumplido 29 años, mantiene intacta su ambición y no muestra síntomas de declive. Y lo más importante: lidera un grupo formado por jugadores tan extraordinarios como Piqué, Alves, Iniesta, Busquets, Suárez y Neymar. Un colectivo muy bien asociado y magníficamente dirigido por Luis Enrique.

No es preciso ningún esfuerzo de imaginación para vislumbrar la posibilidad de alargar este círculo futbolístico virtuoso. Es el reto del presidente Bartomeu, que seguro que ya sabe que nunca nada está garantizado en el volátil y poco racional mundo del fútbol. Dar continuidad a la era Messiexige una salud institucional robusta basada en una gestión democrática, profesionalizada y transparente. Una gestión inspirada en los valores cívicos del club que haga girar al mismo tiempo las ruedas económica, deportiva e institucional. Seguro que en la faceta deportiva aún hay margen de mejora, pero hay más camino por correr en la económica e institucional.

Sin un conocimiento detallado, la situación patrimonial me parece razonablemente sólida y estoy seguro de que la marca Barça tiene un recorrido de explotación comercial muy importante. Pero en el ámbito institucional, Rosell no supo aprovechar la rotunda victoria electoral del 2010 para coser la unidad y, actuando con inútil revanchismo, volvió a dar vida a luchas cainitas. Lógicamente, Bartomeu no tuvo un resultado electoral tan brillante, pero liberado de todo compromiso con el pasado, tiene una oportunidad real de aprender de los aciertos y de los errores de Laporta y Rosell para superar las divisiones internas. Bartomeu está en condiciones de avanzar en una línea integradora del club reforzando su dimensión cívica.

La capacidad de movilización social del fútbol se debe, en parte, a su potencial de representación simbólica. Los aficionados simpatizan con un equipo porque se sienten identificados de múltiples maneras: humanamente, territorialmente, estéticamente, ideológicamente... De ninguna forma se trata de menospreciar el éxito deportivo, pero para los clubs de dimensión global cada vez será más importante desarrollar una identidad diferenciada basada en un estilo propio y valores culturales.

DEPORTE Y CIUDADANÍA

Una institución como el Barça necesita un relato deportivo y cívico fuerte, reforzado por un dispositivo comunicativo muy cuidadoso. Una estrategia comunicativa enmarcada en un plan director preciso. Hay que aprovechar a toda costa el hecho de que ningún otro club está tan bien posicionado como el Barça para definir una identidad que combine atributos culturales, éticos y estéticos de dimensión local y global.

El Barça acabó de convertirse en más que un club durante la dictadura de Primo de Rivera. Se concretó en el lema Deporte y ciudadanía de Suñol. El franquismo reforzó la identificación del club con el catalanismo popular y los valores democráticos. Y en los últimos 25 años, se ha erigido en un icono mundial con su estilo. Si quiere seguir siendo más que un club, identificando una forma positiva de estar en el mundo, debería sumar los valores de diversidad y solidaridad a los originales de deporte y ciudadanía. Por pura coherencia. Profesor de Comunicació de la UAB.

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