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MI HERMOSA LAVANDERÍA

'Dear Alan'

Isabel Coixet

La última vez que escribí a Alan Rickman fue para decirle que por fin había conseguido ver su última película como director y actor: 'A little chaos'. Habíamos hablado unos meses antes en Londres, en un momento bastante duro para mí, uno de esos momentos en que crees que tu vida profesional ha acabado y te sientes completamente perdida. Me invitó a cenar en uno de los mejores restaurantes italianos en los que he estado, se dedicó toda la velada a animarme y lo consiguió. Sus anécdotas sobre el rodaje de 'La jungla de cristal', su primera película en Hollywood, donde, para hacerse el duro cuando en realidad estaba cagado de miedo, accidentalmente casi le abre la cabeza a Bruce Willis, y su terror a que le echaran en cualquier momento consiguieron arrancarme una carcajada.

También me hizo sentir mejor que me contara esa noche sus desventuras con los distribuidores de su película, que le habían presionado para que cambiara el final, a lo que él se había negado. Para ello, me dijo, había tenido que visualizar en su cabeza al personaje que interpretaba en la saga de 'Harry Potter'. “Cada vez que trato con gente estúpida me hago la misma pregunta: ¿qué haría el profesor Severus Snape en mi lugar? Y lo hago, ¡me salva de muchas situaciones embarazosas!”.

Alan Rickman estuvo 15 años de su vida obsesionado con llevar a la pantalla 'A little chaos', la historia de Sabine (en la pantalla, Kate Winslet), una viuda  dedicada a la jardinería que construyó una parte de los jardines de Luis XIV y su relación con un paisajista de la corte. En la película, Alan interpreta con una sensibilidad extraordinaria a Luis XIV, un rey al que no le interesa reinar y que solo es feliz cultivando rosas. El filme es una oda a la perfección y a la pasión por los detalles. Una invitación a perseguir tus sueños, aunque tengas a medio mundo en contra. Fue su segunda película como director, después de 'The winter guest', una delicada cinta, finamente observada, sobre la relación entre una madre (Phyllida Law) y una hija (Emma Thompson, en la vida real, hija de la primera).

Como muchos espectadores, yo había descubierto a Alan Rickman en una película del fallecido Anthony Minghella, 'Truly, madly, deeply' [en la foto], donde interpretaba a un fantasma que volvía a la vida para seguir velando por su novia (Juliet Stevenson). Inevitablemente hablamos de Anthony, una de las personas más genuinamente buenas de la industria del cine. Alan me había llevado a aquel restaurante de Londres porque sabía de mi admiración y amistad por Anthony Minghella. Me emocioné, claro, y solté la lágrima. Brindamos por él. Nunca pude agradecerle bastante esa velada inolvidable y su generosidad. Solo sé que volveré tan pronto como pueda a ese lugar. Ahora tendré dos personas por las que brindar. Y soltar la lágrima.

Temas: Cine