10 ago 2020

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Los candidatos catalanes, en el debate de EL PERIÓDICO, en el CCCB.

ALBERT BERTRAN

Referéndums y reformas

Xavier Ginesta

La campaña electoral para las elecciones del 20-D ha coincidido con las negociaciones para la configuración de gobierno en Catalunya. Una coincidencia que posibilita que la carpeta catalana se abra de par en par y se convierta en un tema central de la agenda política, junto con las propuestas liberales, conservadoras o más progresistas en temas económicos que hace cada uno de los partidos o coaliciones electorales.

Desgraciadamente, los partidos de dependencia española también acaban dejando de lado la lucha por el eje social –que genera muchos menos titulares–, para profundizar en el debate catalán. De hecho, el debate a cuatro de Atresmedia dejó claro que los partidos que, supuestamente, se repartirán la mayoría de escaños del Congreso no tienen una posición común respecto a cómo afrontar el encaje de Catalunya con España (o la posible desconexión catalana, si aquí nos acabamos entendiendo). Sí, sin embargo, que hay mantras que desde las posiciones constitucionalistas vuelven a sonar con fuerza, siendo casi ya una especie de 'déjà vu': referéndums pactados o reformas de la Constitución se convierten ya en tópicos de la agenda. De todos modos, hay que puntualizar:

PRIMERO

La idea de un referéndum acordado con el Estado, la famosa vía escocesa, es una utopía sólo digna de ser considerada por aquellos que saben que no tendrán el poder. Podemos ha navegado entre posiciones intransigentes con la carpeta catalana y otras miradas más sensibles, pero Pablo Iglesias sabe perfectamente que no será presidente. Por lo tanto, promesas que caen por su propio peso; por lo menos, el de las encuestas.

SEGUNDO

Suponiendo, muy suponiendo, que Podemos tuviera algo que decir en la configuración del nuevo gobierno, la intransigencia hacia Catalunya hace ganar músculo en España. De hecho, los va y viene del partido en relación a este tema han sido, en parte, para poder caer bien a todo el mundo. En Madrid, desgraciadamente, la vía escocesa no gusta a los grandes poderes fácticos del Estado y, si Podemos quiere acabar teniendo influencia, deberá abandonar ciertas permisividades con Catalunya.

TERCERO 

Los otros defensores de la reforma constitucional tampoco se ponen de acuerdo en cómo se debería enfocar. Desde la utopía federal del PSOE –¿el  Senado en Barcelona?, hace reír por imposible–, al repliegue competencial propuesto por Ciudadanos y la reforma de poca monta que quiere el PP. Abrir el melón de la reforma constitucional es tan complejo como no querido por los dos grandes partidos (PP y PSOE), que saben que se enfrentarían a un guirigay –interno y externo a su grupo parlamentario– donde acabaría perdiendo todo el mundo.

CUARTO

Sólo veo decididos para hacer explosionar el modelo autonómico a un partido como Ciudadanos, sin rémoras del pasado, que tienen claro que si la gente les vota es porque están cansados ​​de un 'establishment' que siempre ha prometido mucho, pero ha hecho poco. No comulgo nada con sus ideas, pero el repliegue competencial que proponen, desde su punto de vista jacobino, no sólo es lógico sino necesario para configurar el modelo de Estado que proponen (que no es el mismo que defiendo yo, por una Catalunya independiente).

QUINTO 

Los partidos independentistas tendrán mucho trabajo en el Congreso. Se va a negociar la desconexión, pero la tensión que se ha generado entre fuerzas independentistas en Cataluña estos últimos tiempos no es nada positiva porque el relato del independentismo gane adeptos. Al contrario, demostrar poca capacidad de llegar a acuerdos es la mejor manera de permitir que el adversario construya, desde el desconocimiento de la compleja realidad catalana, un storytelling perverso contra el proceso. Sólo los golpes de efecto en esta última semana decisiva, y más en una campaña supermediatitzada como esta que tiene todo el mundo pendiente de la televisión, podrían ayudar a romper la sensación de desorden entre ellos.