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Análisis

¿Un paso hacia la paz?

Salvador Martí Puig

La muerte de Emwazi puede suponer la creación de un mártir entre los yihadistas

Supuestamente, ayer una operación realizada por drones de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en el norte de Siria dio muerte a Mohammed  EmwaziJohn el Yihadista. La noticia se interpretó como una victoria política y militar de la Administración demócrata de Barack Obama y fue rápidamentecelebrada por el Gobierno británico del conservador David Cameron. La cuestión, sin embargo, debería plantearse en otros términos. ¿Este episodio bélico en el que se ha ejecutado a un individuo que, a su vez, ha ejecutado de forma cruel y exhibicionista a periodistas occidentales es un paso hacia la construcción de la paz en la región? La respuesta difícilmente puede ser afirmativa. En mi opinión, el evento será una nueva argucia para que el Estado Islámico redoble su llamamiento a luchar contra Occidente.

Mi pesimismo se fundamenta en dos elementos. El primero es que, a día de hoy, el Estado Islámico se ha convertido -por muy demencial que parezca- en un reclamo político que atrae a miles de jóvenes radicalizados de todo el mundo que dicen detestar el imperialismo de Occidente y sus valores (según el CNI, por ejemplo, hay 200 españoles combatiendo en Siria). En este sentido, la celebración de la muerte de Emwazi en los medios occidentales puede suponer la creación de un mártir de la causa yihadista y de un nuevo icono para esta juventud sedienta de enrolarse en el EI. Una juventud que, por cierto, puede tener unos orígenes y unos hábitos bastante semejantes a los de cualquier hijo de vecino.

El segundo elemento es que los ataques militares impulsados por potencias como EEUU, Francia, Gran Bretaña o Rusia suponen la normalización de conflictos armados totalmente irregulares. Conflictos en los que se hace la guerra sin declararla, en los que se ataca a entidades políticas que no son reconocidas como tales, y en los que se lucha contra unos hombres armados a los que no se otorga el estatuto de soldado sino el de combatientes ilegales y que, por lo tanto, pueden ser objeto de ejecuciones extrajudiciales, torturas y vejaciones semejantes a las que ellos mismos cometen con gran repugnancia y asombro por nuestra parte.

Por todo ello vuelvo a preguntar: ¿hay algo que celebrar con la supuesta muerte de Mohammed Emwazi¿Es sensato pensar que con este bombardeo, supuestamente quirúrgico, la violencia va a disminuir en la región? Mi respuesta es que no. Lo único que me produce esta noticia es la triste certidumbre de la normalización de un nuevo tipo de conflicto bélico en el que no se respetan reglas, derechos ni convenciones, y que, de irse generalizando, van a dibujar el mapa del nuevo desorden internacional del siglo XXI.

Un desorden al que nuestros países y sociedades no son ni ajenos ni inmunes. Por muchas barreras físicas o culturales que construyamos, los ecos de estas guerras de facto van a llegar, cada día de forma más intensa, a la puerta de nuestros hogares. Llegarán ya sea a pie, como lo hacen los miles de refugiados sirios, o por internet a través de vídeos que nos enseñan cosas que no queremos (ni nos apetece) ver.

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