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Los equilibrios internacionales

China contra 'Brexit'

Georgina Higueras

Si Gran Bretaña quiere ser el principal amigo del gigante asiático en Occidente, mejor que se quede en la UE

Xi Jinping fue paseado en carroza por el corazón de Londres y Buckingham se adornó con sus mejores galas para la cena que la reina ofreció al presidente chino. El apoteósico recibimiento -con calles convertidas en pasillos de banderas rojas que difuminaban las protestas de los activistas pro derechos humanos y pro independencia del Tíbet- lo complementó David Cameron con unas pintas y un fish and chips en un pub londinense inundado de un mar de flases. El primer ministro británico no ahorró esfuerzos para reflejar su apuesta por China, que demostró su gratitud con la firma de acuerdos por valor de 40.800 millones de euros. Pero si Cameron confiaba en mostrar que Pekín sería un firme aliado ante la eventual salida del Reino Unido de la Unión Europea, conocida como Brexit (el acrónimo de Britain exit), se llevó un buen chasco.

En contra de los principios chinos de no injerencia en los asuntos internos de otros países, el último día de su visita Xi dejó clara su oposición al Brexit. «China espera ver una Unión Europea próspera y unida, y confía en que el Reino Unido, como miembro importante de la misma, pueda desempeñar un papel aún más positivo y constructivo en el desarrollo profundo de los lazos entre China y la UE», le dijo a su anfitrión.

Cameron tiene previsto celebrar antes de final del 2017 un referéndum sobre la permanencia británica en la Unión, y aunque todo apunta a que hará campaña a favor del , con frecuencia hace suyos los argumentos de los euroescépticos sobre las grandes posibilidades del Reino Unido en Asia y otros mercados emergentes si da un portazo a Bruselas. En julio pasado, bajo el título No importa Europa, podemos negociar con el resto del mundoCameron publicó un artículo en The Daily Mail en el que apostaba por cambiar la estrategia gubernamental desde las economías estancadas de Europa a las «exitosas» de otras partes del mundo. Los mercados de China, la India y el Sudeste Asiático son vistos como alternativa a los europeos. En la actualidad, la UE compra el 51% de las exportaciones británicas, mientras que solo el 6,6% de las exportaciones de la UE se dirigen al Reino Unido.

EL PRAGMATISMO DE CAMERON

Empeñado en reducir el déficit mientras planea grandes obras de infraestructura, el pragmatismo de Cameron ante China -país dispuesto a poner sobre la mesa todos los millones que requiere su diplomacia de seducción- ha permitido dejar en manos de su ministro de Hacienda, George Osborne, la política hacia Pekín. Los objetivos del canciller del Exchequer, que viajó a China una semana antes de que Xi llegara a Londres, se reducen a dos: aumentar las inversiones chinas en el Reino Unido e impulsar las exportaciones al gigante asiático.

Las encuestas señalan que la crisis de los refugiados, como ya ocurrió con la crisis del euro, ha propulsado el avance de los euroescépticos hasta casi igualarse con los partidarios de mantenerse en la Unión. La volatilidad del voto, sin embargo, es enorme, ya que hay un alto porcentaje de británicos que, según The Economist, no están seguros de las razones por las que se pronunciarían a favor del Brexit.

Con la primera visita en diez años de un presidente chino a Londres se ha iniciado, según Cameron, una «nueva edad de oro» de las relaciones bilaterales. Entre las aspiraciones del primer ministro para un Reino Unido fuera de la UE destaca la firma de un acuerdo de libre comercio con China que permita a su país convertirse en uno de los principales socios comerciales del Imperio del Centro. Para ello, Cameron dejó a un lado las reticencias en materia de seguridad del ala más atlantista de su partido y selló un acuerdo nuclear sin precedentes, que permitirá la construcción en Occidente de la primera central atómica con tecnología china, algo en lo que Pekín estaba muy interesado. El líder británico también abrió las puertas a que China colabore en el tren de alta velocidad que unirá Londres con Birmingham y Manchester, y se comprometió a reducir el coste de los visados y a facilitar los intercambios educativos. Más de 150.000 chinos estudian en el Reino Unido.

La satisfacción de Xi Jinping por los acuerdos alcanzados es evidente, pero no le ha impedido insistir en que la UE, además de un socio estratégico, es el principal aliado comercial de China, por lo que Pekín quiere que Londres contribuya a hacer una Europa más fuerte. En un momento en que China se opone a la supremacía de EEUU en el Pacífico, Pekín ve a Europa, pese a los desencuentros en materia de derechos humanos, como el gran pilar de su búsqueda de un mundo multipolar. Además, en el plano interno se enfrenta a los  secesionistas del Tíbet y Xinjiang, por lo que es contrario a consultas populares que pongan en riesgo la integridad de los países o la unidad de la UE. Si Londres quiere ser el mejor amigo de China en Occidente, mejor que se quede en la UE. 

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