Opinión | Al contrataque
Periodista
JORDI ÉVOLE
Trampas
No entiendo que ahora la mayoría hable de elecciones 'plebiscitarias' pero lo que cuenten sean los escaños
«Trampas, trampas», gritaba el niño chino de Los Goonies, avisando de los peligros que tenía la aventura. Y es lo que yo gritaría cuando hablo del procés. Trampas tanto del gobierno español como del catalán.
Trampas a veces burdas, como influir para que multen a un club porque en una final había banderas independentistas, o poniendo trabas para que catalanes en el extranjero voten en las próximas elecciones. Trampas condicionando un tribunal que apela a lo constitucional y se ha convertido en una máquina de fabricar independentistas. Trampas usando medios de comunicación con más ganas de enfrentar que de explicar. (Por cierto, a mí tampoco me ha gustado que en algunas tertulias de la cadena donde trabajo no hubiera representantes del independentismo, un déficit que ya se está corrigiendo).
¿Y el gobierno catalán hace trampas? Pues creo que también. Trampas cuando aseguran que cualquier escándalo de corrupcióncorrupción que les afecte es solo una campaña orquestada desde Madrid. Trampas con el dinero de todos los catalanes -menos de los que tributan en Suiza- en campañas institucionales que buscan promocionar la independencia. ¿Qué pretendía si no la campaña de la Generalitat PreparatsPreparats? ¿Preparados para qué? ¿Quizá para la independencia? Trampas en medios públicos que hasta han tenido que eliminar el logo de una campaña de verano por la similitud con el de Junts pel Sí.
Pero hay una trampa básica, que marcará el pos-27-S. Las elecciones las presentan como plebiscitarias. Dicen que tienen que ser así porque no se ha podido celebrar un referéndum legal, referéndum que yo también reclamo. En los últimos años he visto a muchos independentistas apelar a la democracia en mayúsculas. Por eso no entiendo que ahora la mayoría hable de elecciones plebiscitarias pero lo que cuenten sean los escañoslos escaños, y que mi voto como residente en la provincia de Barcelona valga mucho menos que el de un votante de Lleida, Girona o Tarragona. ¿Se puede hacer un plebiscito con las normas de unas autonómicas? Y si el sí gana en escaños pero no en votos, ¿se seguirá hacia la independencia como si nada? ¿Eso es la democracia en mayúsculas? ¿O solo somos demócratas hasta que lo de una persona, un voto nos deja de convenir? Yo, que estoy por el derecho a decidir, voy a tener derecho a decidir pero menos. Por cierto, el único líder independentista al que he oído destacar esa anomalía es David Fernández, lo mejor que le ha pasado a la política catalana en los últimos años.
Posición de riesgo
Hoy señalar las trampas de unos y otros es una posición de riesgo. Una lástima en un lugar tan rico en matices como Catalunya. Matices que a medida que nos acercamos al 27-S se van borrando. No valen las medias tintas. O estás conmigo o contra mí. No caigamos en esa trampa.
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