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Dos miradas

Este fin de semana, Joaquim Maria Puyal ha retransmitido el primer partido del Barça en la Liga. Como hace 40 años, y sin interrupciones, el locutor más carismático del fútbol catalán ha vuelto a la cabina –en este caso, la del nuevo San Mamés– para explicar qué ocurre dentro del terreno de juego, para gritar los goles de los azulgranas y para analizar los detalles del partido. También –y esto es lo que le convierte en un referente ineludible– para explayarse en la historia y las anécdotas, para describir el ambiente del entorno, para informarnos sobre todo aquello que va más allá de los 90 minutos de competición.
Puyal, en estos 40 años, ha hecho, sobre todo, cultura. Nunca ha perdido de vista que lo importante era el relato, pero ha tomado conciencia –desde los inicios– de que su narración se fundamentaba en los detalles que convierten al fútbol en un fenómeno de masas que no se aguanta solamente porque hay chuts, dríblings, faltas o paradas del portero, sino porque existen columnas inmateriales que sostienen el edificio, como el respeto por la lengua o la posibilidad de convertir en mito y heroicidad, gracias a la palabra, una cabalgada del extremo que finta, sorprende y descoloca a la defensa.
Puyal, en estos 40 años, ha creado momentos inolvidables, ha dibujado con su voz escenas para la memoria colectiva. Y, sobre todo, ha estado al pie del cañón, incombustible, mirando, explicando, construyendo la realidad.