29 mar 2020

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El Barómetro de las rebajas

Pau Marí-Klose

En plena canícula llega una vez más el barómetro del CIS, realizado en las primara semana y media de julio, coincidiendo con el inicio de las Rebajas. Y trae alguna novedad electoral bajo el brazo. Las estimaciones del CIS, y los indicadores subyacentes de intención directa de voto, Simpatía, y Voto+Simpatía (intención probable), apuntan a una cierta recuperación del PP y el PSOE. Lo que algunos llaman, quizás precipitadamente, un resurgimiento  del bipartidismo. Y trae rebajas importantes. Podemos cae por segundo sondeo del CIS consecutivo, y Ciudadanos no confirma los buenos augurios que apuntaba en el barómetro de abril (algo que, por otra parte, ya anunciaron los resultados electorales que obtuvo en municipales y autonómicas).


Las estimaciones de voto son un árbol que no deja ver el bosque. Debajo de esa cifra, que sintetiza un estado agregado de las cosas,  se mueven bastantes actitudes y comportamientos, lo que puede empezar a intuirse examinando los primeros cruces que ofrece el CIS (para un análisis más concienzudo y riguroso habrá que esperar a los microdatos, que tardan normalmente un mes más en salir).

PP y PSOE salen reforzados porque han detenido fugas a otros partidos de segmentos electorales que les habían estado girando la espalda. El PP recupera fuelle entre los grupos profesionales de la clase media -directivos y profesionales, técnicos y cuadros medios, y pequeños empresarios-  un espacio donde Ciudadanos ve detenida la pujanza que había mostrado en el anterior barómetro del CIS. Y recupera fuerza en el espacio de centro y centro-derecha, donde está el principal caladero de votantes en el electorado. Mientras en abril cosechaba el 15,2% de los apoyos (intención directa +simpatía)  en el espacio 5-6 de la escala ideológica, en  julio llega al 19,4% (un valor que no alcanzaba desde 2012). En el espacio natural de Ciudadanos, este partido se queda con el 18,1%, sin perder volumen de apoyo,  pero ya sin disfrutar la hegemonía que había alcanzado en el sondeo de abril.

El PSOE muestra síntomas de frescura que no se atisbaban en sondeos anteriores. Obtiene apoyos bastante elevados en los grupos más jóvenes y en los segmentos más ilustrados del electorado, dos grupos donde claramente ha sufrido fugas importantes a lo largo de los últimos  años.  Así, en el indicador de intención probable de voto, el PSOE es el segundo partido entre los votantes de 18 a 24 años, solo unas décimas por debajo de Podemos –19,1% del PSOE, 19,6% de Podemos--, cuando había figurado claramente por debajo en sondeos anteriores (Podemos llego a tener el 32,7% en el barómetro de enero). El PSOE también recupera la hegemonía electoral en la franja de 35-64 años, que representa normalmente  un sector electoral decisivo por sus altas tasas de participación. Y solo pierde con el PP en la franja electoral de edad más avanzada, de mayores de 65 -30,6% para el PP por 27,5% para el PSOE-.


Por lo que respecta a los grupos con mayor nivel educativo, el PSOE acredita un notable (y casi inesperado) avance en un grupo en que llevaba mucho tiempo perdiendo apoyos. Mientras que en el sondeo del CIS de abril, recibía el apoyo del 8,3% de los encuestados, ahora se sitúa en el 15,3%, solo por debajo de Podemos (17,3%).

El PSOE afianza también su liderazgo en la representación de los grupos más desfavorecidos. Es el partido con más apoyo entre los desempleados (22,8%, por 17,7% de Podemos), las clases obreras no cualificadas (25,1%, por 10,4% de Podemos), y las personas con estudios primarios o sin estudios (30,4, por 5% de Podemos). Las brechas con Podemos se amplían, lo que evidencia una aparente incapacidad de Podemos de penetrar este semillero tradicional de votos progresistas.

Por último, el PSOE se perfila como el partido “menos antipático”. Preguntados por el partido al que no votarían nunca, con toda seguridad, la mayoría de los encuestados muestran menos animadversión al PSOE que a otros partidos. El 56,4% indica que nunca votaría al PP, el 50,6% a Podemos (casi diez puntos más que en enero), el 43,8% a Ciudadanos, y solo el 35,5% al PSOE (5 punto menos que en enero).

En el espacio ideológico progresista, Podemos queda claramente desplazado a posiciones de izquierda y extrema izquierda (1-2 en la escala ideológica), donde el caladero de votos es más limitado. Podemos obtiene el 36,1% de los apoyos en el espacio 1-2 (por el 21,5% del PSOE), pero se ve claramente superado en el espacio de centro izquierda (3-4), donde el PSOE ahora obtiene el  37,5% de los apoyos por el 24,8% de Podemos, y en el espacio de centro (5-6), donde Podemos queda pulverizado (6,3%) y el PSOE obtiene un apreciable 14,8% (su mejor registro desde mediados de la legislatura de Zapatero). 

Todo  indica, por tanto, que lentamente se vuelven a perfilar los apoyos sociológicos e ideológicos de los dos grandes partidos, que habían quedado difuminados en medio de las convulsiones sociales y políticas vividas en los últimos tiempos.  Parece que los dos contendientes que habían surgido para plantarles cara ni tomarán el cielo por asalto ni liderarán el cambio sensato, al menos en el corto plazo. Hay que advertir, sin embargo, que conviene tomar las nuevas tendencias con cautela, no solo porque se basan en pocas encuestas y  submuestras pequeñas, sino porque en el horizonte se avistan nubarrones que pueden cambiar, de un día a otro, el rumbo de los acontecimientos. En principio, el viento sopla a favor de que el PP capitalice la recuperación económica, y gracias a su capacidad de fijar la agenda que le da su posición gubernamental, pueda seguir recuperando terreno a su principal rival en el centro-derecha, Ciudadanos.  Pero también es vulnerable a perturbaciones externas. La cascada de casos de corrupción que estallaron en la segunda mitad de 2014 dañó seriamente su intención de voto, cosa que podría volver a suceder en cualquier momento.

Por su parte, el PSOE tiene razones para el optimismo. Pero también para suspender cualquier tentación a tirar las campanas al vuelo. Las elecciones catalanas se presentan como la prueba de fuego, en que el PSOE tiene en principio más que perder que ganar si las posturas siguen polarizándose. Un mal resultado (y quién sabe si otra crisis interna) del PSC, acompañado de un tensionamiento del debate territorial que resulte difícil de manejar desde las posturas moderadas, es un escenario en el que las buenas perspectivas del PSOE, pueden truncarse fácilmente. Pueden ser momentos decisivos para el  PSOE, que pondrían a prueba a Pedro Sánchez y determinarían sus opciones en las elecciones generales de final de año.