18 sep 2020

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Elecciones excepcionales

Xavier Ginesta

El 27 de septiembre el país afrontará un momento crucial de su historia política. La excepcionalidad del momento es innegable, sea porque unos hacen un relato plebiscitario por la independencia o porque otros piden un plebiscito, sólo, en contra de la política del presidente Artur Mas (la nacional y la social). De forma directa o indirecta, todos los partidos (o coaliciones) que se presentan estructuran su relato electoral entendiendo que el día 28 de septiembre el país habrá cambiado de pantalla.

Más que nunca, por lo tanto, el ciudadano de a pie sabrá qué vota. Unos, está claro que votarán por la independencia (con mayor o menor acento social), los otros para castigar el demonio con cuernos y cola que los del Sí se Puede dibujan en la cara de Artur Mas; finalmente, algunos optarán para defender un modelo autonómico, para mí agotado (con más o menos matices, en términos nacionales y en política social). Pero, no nos engañemos: aquí no se dan cheques en blanco, como algunos tertulianos dicen en las ondas, sino que todo votante sabe que su papeleta defiende una determinada manera de construir la Catalunya del futuro. Incluso, la que irá a parar al PP y C 's, que ven el 27-S como su Gettysburg particular en contra de los secesionistas, esta vez catalanes. Carácter plebiscitario del 27-S que el mismo Rajoy acentuó desde Huelva, en el mismo momento que Artur Mas comparecía en Palau.

Por ello, el argumentario de campaña será más importante que nunca. Posiblemente, más que en ningún otro momento de la historia reciente, las campañas de los partidos se estructurarán sobre la famosa Unique Selling preposiciones (USP), que Rosser Reeves teorizó durante los años 40, cuando trabajaba para la Ted Bates & Company. Pongamos algunos ejemplos, que ya estamos viendo durante esta precampaña. Cuando el cabeza de cartel de Junts pel Sí, Raül Romeva, presenta la candidatura como "instrumental", precisamente, hace un ejercicio fantástico de síntesis del mensaje que quiere transmitir; cuando los estrategos de ICV-EUiA o Podemos asocian permanentemente Junts pel Sí con CiU, también. Y, no hace falta mencionar la reiterada y redundante "revolución del seny [sentido común]" que no se cansa de repetir Ramon Espadaler, candidato de Unió. 

Por lo tanto, seguramente nos alejaremos de la campaña del matiz -en un plebiscito no hay matices-, expuso Mas después de la reunión de Govern–, de la escala de grises, de grandes programas electorales que nadie se leería –como generalmente pasa– para avanzar hacia mensajes concretos, posiblemente "instrumentales" para fijar muy claramente el posicionamiento del grupo en un momento excepcional.

Atención que, sin embargo, esto no significa reducir la campaña a eslóganes vacíos de contenido. Ni Madrid "roba" permanentemente a Catalunya, ni la renovación de caras en las listas electorales entroniza la "nueva política" –o "política nueva", dijo Mas este martes– y se aparta de un legado marcado por casos de corrupción que afectan a la mayoría de partidos, empezando por el del President. Por lo tanto, atención con los frames dominantes en la campaña, que pueden tener puntos débiles como demostró tener el relato convergente durante las elecciones del 2012; que no supo reaccionar a un cambio de discurso en medio de la campaña, cuando el drama de los desahucios se hizo presente y pasó a dominar la agenda mediática. También, debilidad imperante en una propuesta federal permanente de un socialismo catalán que se mira el ombligo y no lee la voluntad de cambio que, desde hace tiempo, quiere la sociedad catalana –ni el inmovilismo de los poderes fácticos de Madrid– o, finalmente, de una UDC que aún continúa tirando del tópico catalán del "seny" para defender un modelo que, ya se ha visto, no tiene recorrido y se ha construido sobre un oxímoron bastante evidente: revolución y sentido común, difícilmente, van de la mano. Por suerte o por desgracia, las elecciones de septiembre tendrán mucha más rauxa [arrebato] que la que querría Espadaler.