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La rueda

Liquidación del mapa político autonómico

Enric Marín

La victoria pírrica de Duran y Espadaler los sitúa ante la necesidad de definir un espacio político propio

En el momento en que el núcleo dirigente de Convergència optó por un proyecto político independentista, a Unió se le estrechó de forma dramática el espacio para la ambigüedad. Y esto no se ha resuelto con la pregunta calculadamente ininteligible propuesta por Espadaler. La situación es clara. Mas no puede concurrir al 27-S liderando una lista cuestionando la hoja de ruta pactada con ERC y las entidades soberanistas. Y la dirección de Unió articulada alrededor de Duran y Espadaler es alérgica a la idea de independencia. Tanto, que ni se atrevieron a preguntar directamente sobre esta opción. El proyecto conjunto entre Convergència y Unió ya no existe. Ya es pura arqueología política. El mapa político de la Catalunya de la Transición está muerto.

Hoy, Mas ya tiene las manos libres para configurar un nuevo espacio político sin el freno de la reticencia de Duran. Y la victoria pírrica de Duran y Espadaler los sitúa ante la necesidad de definir un espacio político propio. Sobre el papel es fácil, pero electoralmente será extraordinariamente complicado. Probablemente, ya lo sospechan; a la intemperie hace mucho frío. A su vez, ERC, la CUP o Ciutadans tienen claras opciones para ampliar el espacio político consolidado en los últimos años. Iniciativa y Podemos intentarán reeditar la fórmula Barcelona en Común, pero las coordenadas políticas del 27-S son manifiestamente diferentes. Por último, en el PSC o el PP solamente les queda saber cuál será la dimensión de la nueva caída electoral.

Desde el pasado fin de semana, toda la política catalana gira alrededor del 27-S. Las elecciones más importantes de la historia reciente de Catalunya. El 27-S no será solo el referéndum que el Estado no ha autorizado. También prefigurará el mapa político de la Catalunya posautonómica.

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