08 ago 2020

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El independentismo se atasca en la Catalunya urbana

ALBERT BERTRAN

El independentismo se atasca en la Catalunya urbana

José A. Sorolla

El fracaso de Xavier Trias y Artur Mas en las elecciones municipales de Barcelona y su cinturón rojo ciega la vía soberanista impulsada por el 'president'

Artur Mas lo había dicho el pasado viernes: "Si Barcelona nos da la espalda, no lo lograremos", en referencia al proceso soberanista. Es lo que ha ocurrido. El triunfo de Ada Colau en la capital de Catalunya no solo constituye un giro radical para el modelo de ciudad de Xavier Trias, sino que ciega la vía independentista tal como ha sido ensayada hasta ahora. El proceso soberanista no está muerto, pero sus mentores tendrán que replantear muchas cosas si no quieren que se extinga en las urnas el 27 de septiembre.

De activista antidesahucios a alcaldesa de Barcelona. Esta frase, que hay que leer dos veces para creerla, resume lo que pasó el domingo en la capital catalana. Una mujer bregada en el activismo social, pero sin experiencia política, ha sido capaz de derrotar al alcalde de CiU, que gozaba del poder en los dos lados de la plaza de Sant Jaume (Generalitat y Ayuntamiento), con todas las fuerzas vivas de la ciudad a su favor, incluidos los medios de comunicación más poderosos.

Voto útil de izquierda

La candidatura de Colau, Barcelona en Comú, se formó, además, con una mezcla heterogénea de partidos y fuerzas sociales hasta ahora perdedores (Iniciativa per Catalunya --ICV--, Guanyem, Podemos, Procés Constituent, etcétera) unidos solo por la protesta contra una forma de gobernar la ciudad, en la que, eso sí, habían aumentado escandalosamente las desigualdades. No hay más que ver el mapa: Colau ha vencido en seis de los diez distritos y Trias solo se ha impuesto en los barrios más burgueses (en tres --Sarrià/Sant Gervasi, Eixample y Les Corts-- con amplia ventaja y con un resultado más ajustado en Gràcia). 

De las fuerzas que arropan a Colau, solo ICV había gobernado Barcelona en los largos años de tripartitos, con el PSC y ERC, y en ese sentido era en parte corresponsable del modelo de éxito de la ciudad de Pasqual Maragall, un modelo que, sin embargo, se había deteriorado en los mandatos de Joan Clos y Jordi Hereu y especialmente en el de Trias.

La victoria de Colau (176.337 votos, 25,21%, 11 concejales) solo se explica por el aumento de la participación (casi ocho puntos más que en 2011) y por la concentración del voto de izquierdas en su candidatura. De ahí el hundimiento del PSC, cuyo candidato, Jaume Collboni, ha quedado relegado al quinto lugar, con solo 67.380 votos (9,63%), la mitad que hace cuatro años. A Trias, con 10 concejales, le han faltado algo más de 17.000 votos para mantener la alcaldía.

Batacazo para el soberanismo

Esta derrota de Trias, que lo es también de Mas, es un batacazo para el soberanismo, pese a que, al final, el resultado del otro partido protagonista del proceso, ERC, ha mejorado las encuestas y ha alcanzado el cuarto puesto (76.988 votos, 11,01%, 5 concejales), muy lejos, sin embargo, de las expectativas que tenía hace solo unos meses, cuando el mandato de Trias empezó a quebrarse por la nefasta actuación del consistorio en el desalojo de la casa ocupada de Can Vies, en el distrito de Sants. Esquerra es sobrepasada por Ciutadans (C's), una pésima noticia también para el proceso soberanista.

Como ha ocurrido en España con el PP, en Catalunya también hay muchos ganadores que acabarán perdiendo. Mas y los dirigentes convergentes destacan, por ejemplo, que CiU ha ganado por segunda vez en 35 años las municipales en toda Catalunya (667.683 votos, 21,52%, 3.324 concejales) y ERC subraya que ha doblado sus resultados de 2011, que fueron pésimos (ha obtenido ahora 508.839 votos, un 16,40%, y¿2.381 concejales).

Estos datos y el ascenso de las Candidatures d'Unitat Popular (CUP), que ha cuadruplicado sus números, al sacar ahora 221.577 votos, un 7,14%, y 372 concejales, inducen a los medios soberanistas a resaltar que el soberanismo crece en Catalunya (45% frente al 38% de 2011), pero eso es solo una parte de la verdad. Con un retroceso del PSC y un aumento de la CUP, en la Catalunya interior han ganado los de siempre, lo que ocurre es que ahora han cambiado de bandera y han sustituido la senyera por la estelada. Pero el independentismo sigue sin alcanzar la mitad de los votos y ha retrocedido sensiblemente en las zonas urbanas.

Retroceso en el cinturón

Además de la pérdida de la ciudad de Barcelona, de las cuatro capitales el soberanismo solo se impone en Girona, donde la división socialista les relega al cuarto lugar. En Tarragona y Lleida se mantiene en cabeza el PSC, opuesto al proceso soberanista, al tiempo que avanza el unionismo de Ciutadans y en el campo independentista mejoran ERC y la CUP, mientras que CiU o retrocede o no se mueve.

El retroceso independentista es mayor en el área metropolitana de Barcelona. CiU desaparece del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, donde el PSC recupera la mayoría absoluta y ERC sigue ausente. En L'Hospitalet, segunda ciudad de Catalunya, CiU pierde 3 concejales y se queda con 1, mientras que ERC entra con 2, frente a los 11 socialistas. Y en Badalona, tercera ciudad por población, CiU se deja la mitad de su representación (de 4 a 2) y ERC debuta con 3, ante el hasta ahora imbatible y polémico alcalde del PP, Xavier García Albiol (10 concejales). El PP puede perder su mayor alcaldía si la izquierda pacta contra Albiol. CiU se esfuma asimismo en Cornellà en beneficio de ERC (2 puestos), donde gobierna el ex número dos del PSC Antonio Balmón (11 concejales). En todas estas ciudades, C's penetra por primera vez en el Ayuntamiento.

¿Puede continuar como si nada un proceso hacia la independencia sin Barcelona, sin tres de las cuatro capitales provinciales y con escasa presencia en el antiguo cinturón rojo? Si los soberanistas no se engañan a sí mismos, tendrán que aceptar que el proceso debe sufrir cambios importantes.

¿Vuelve la lista única?

Es posible que uno de ellos sea la recuperación de la idea de la lista única CiU-ERC para las elecciones de septiembre. Otra posibilidad es que las anunciadas pero no convocadas elecciones autonómicas en clave plebiscitaria no se celebren el 27-S y se aplacen.

En todo caso, el proceso soberanista no será el mismo después del resultado de las municipales. El cambio de presidente en la Assemblea Nacional Catalana (ANC), donde un más pragmático Jordi Sánchez ha sustituido a Carme Forcadell, ya anticipaba una ralentización del proceso. Sánchez ha descartado de entrada una declaración unilateral de independencia.

Hasta ahora, Mas ha encabezado el proceso sin una estrategia clara, a remolque de las manifestaciones callejeras, dominado por el voluntarismo y por las ilusiones irreales. Catalunya ha vivido una etapa monotemática presidida por una agitación permanente, que ha polarizado la sociedad y, paradójicamente, ha servido para que crezca un partido como Ciutadans, que nació para combatir el nacionalismo y que nunca ha formado parte del consenso catalanista.

El delirio ha producido situaciones que bordean el ridículo. La última es el incidente con Dinamarca. Es ciertamente extraño que un Parlamento como el danés se ocupe del proceso catalán. Pero lo único que hizo fue aprobar una moción que llamaba al diálogo entre los gobiernos de Madrid y Barcelona. Nada más normal. Pero el soberanismo vendió que Dinamarca estaba a favor de la autodeterminación de Catalunya y se lanzó una campaña para que la bandera danesa se colgara en los ayuntamientos para sustituir a la estelada, retirada por orden de la junta electoral.

Este proceso de ensimismamiento ha olvidado la vertiente social mientras la crisis no hacía sino profundizar las desigualdades. Y eso --y las repercusiones de la corrupción, con el caso Pujol en primer lugar-- es lo que les ha estallado ahora en la cara a Mas y Trias.     

Este artículo ha sido publicado en 'Zoomnews'.