29 mar 2020

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Los resultados del 24-M

La fragmentación del tablero

Josep Lobera

Estas elecciones podrían definirse como las de la frustración mutua al obligar a todos a pactar

Los votos han movido el tablero. Y lo han hecho de una manera que no sucedía en décadas. A pesar de esta sacudida, el proceso de cambio no ha alcanzado un nuevo punto de equilibrio. Al contrario, está todavía en marcha. Esta es una (importante) nueva estación de un trayecto hacia nuevos equilibrios que todavía están por definir. Las elecciones de este domingo se podrían etiquetar como unas elecciones de transición. O, si se prefiere, como elecciones de frustraciones mutuas. Pocas veces antes el reparto del poder ha estado tan distribuido en «un equilibrio armónico de frustraciones mutuas» (Hofstadter) como el que arroja los resultados del 24-M. La nueva distribución hiper-fragmentada del poder sitúa a los políticos en un escenario que satisface a pocos.

En el cómputo global, se ha pasado de un esquema bipartidista a un multipartidismo que hace imposible gobernar sin pactar. PP y PSOE siguen teniendo un papel predominante, pero han perdido su hegemonía. El Partido Popular sigue siendo el partido más votado en la mayor parte de municipios y en nueve comunidades autónomas, pero es la formación que más pérdidas ha sufrido en estas elecciones. Pasa de 513 diputados autonómicos a 388, aglutinando el 27% de los votos, y está a expensas de acuerdos que puedan darle o quitarle el poder en las comunidades en las que hasta ahora gobernaba. El PSOE, que llegó a temer el sorpasso generalizado, mantiene una segunda posición pero no ha podido evitar verse superado en capitales clave como Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza por nuevas agrupaciones de izquierda.

Como se esperaba, dos nuevos partidos se han abierto paso con fuerza, pero no logran superar a los partidos tradicionales. Podemos y Ciudadanos van a ser la clave para la gobernabilidad de las comunidades pero no se sienten satisfechos al comparar sus resultados con las expectativas. El balance de éxitos y fracasos se torna trágico en el caso de Izquierda Unida y UPD a quienes el resultado electoral les ha situado en un espacio marginal del espectro político.

También el nacionalismo, tanto en Catalunya como en Euskadi, se ha visto afectado por las nuevas dinámicas en el tablero político. En los últimos cinco años, una parte de su electorado provenía de la indignación y la desconfianza con el funcionamiento del sistema político en España. Ahora, esta misma porción de su electorado, se ve tentada por la oferta de nuevas formaciones políticas que plantean indignación sin secesión.

Si se pudiese definir algo parecido a un vencedor en este tablero movido, fragmentado y en transición, estas serían las candidaturas de unidad popular que en muy pocos meses han logrado situarse a las puertas de gobernar Madrid y Barcelona. En el caso de Madrid, supone el fin de 24 años de poder del Partido Popular en el gobierno de la ciudad.

UN NUEVO PUENTE AÉREO

Dos mujeres, Ada Colau y Manuela Carmena, podrían abrir ahora un puente aéreo político entre las dos capitales que puede tener consecuencias importantes, no solo en las relaciones entre las ciudades sino también en la creación de un nuevo lenguaje común que permee a otras formaciones políticas, incluido Podemos. Ahora Madrid y Barcelona en Comú tienen objetivos similares, referencias similares y pueden reforzarse mutuamente desde la tribuna que les ofrece el gobierno de estas dos ciudades.

Pero su principal hito no está en el resultado, sino en qué ha sucedido durante la campaña: de manera imprevista, ha aparecido la participación espontánea de miles de votantes que han hecho su propia campaña distribuida, financiándola, elaborando y difundiendo carteles, diseños, memes, vídeos y canciones entre sus redes que, en no pocos momentos, han desbordado a quienes estaban coordinando esas campañas. Especialmente interesante, por rápido e intenso, ha sido el caso del #efectoCarmena, como analizaba Antoni Gutiérrez-Rubí en su certero post Cuando las multitudes hacen la campaña.

En un momento de cambio, la experimentación política es una necesidad. Estas campañas han generado nuevas dinámicas que parecían inverosímiles en un país con niveles elevados de desafección y desconfianza hacia los partidos políticos. Ada Colau y Manuela Carmena han sido capaces de establecer nuevas formas de relacionarse con los votantes, formas que muy probablemente influirán en otros grupos políticos. En los próximos meses veremos si, una vez puedan alcanzar los bastones de mando de sus ciudades, van a ser capaces de generar consensos e implementar nuevas formas de gestionar la política local de manera tan novedosa -y efectiva- como las campañas que han desarrollado.