En Barcelona son plebiscitarias

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Xavier Trias, alcalde de Barcelona.

Xavier Trias, alcalde de Barcelona. / DANNY CAMINAL

El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, ha remarcado durante las últimas semanas que unas elecciones municipales leídas desde una óptica independentista “no le convienen”. Más allá de si le convienen o no, lo que me da igual, estoy de acuerdo con él en que es necesario no tomarse demasiado a pecho el carácter plebiscitario de las municipales. Las lógicas locales suelen ser de lo más variopintas e interpretar los resultados como una especie de encuesta sobre el independentismo no sería realista.

Por supuesto, como mejores sean los resultados de los partidos independentistas, mejor va a ser para el independentismo. Eso se hace con un trabajo continuado desde la base, haciendo listas con los mejores, los más preparados, con gente implicada. Lo que no se debe hacer, y no se hace, es esta mamarrachada de las listas fantasma en la que el españolismo es el campeón, especialmente el PSC y el PP.

Comparto, pues, el discurso de Trias, “salvo alguna cosa” –como dijo aquél. Lo que no comparto es que precisamente es en Barcelona donde estas municipales tienen que adquirir un carácter plebiscitario. En Vilafant o en el Pinell de Brai quizá no sea tan necesario, pero en Barcelona, si la ciudad quiere aspirar a ser la capital de un estado europeo, sería conveniente que el gobierno resultante de los comicios comulgue con el independentismo. Por el contrario, si se apuesta simplemente por seguir siendo una capital de provincia como Zamora o Albacete, que se vote al españolismo.

Pero ya ha dicho Trias que “no le conviene” y es por eso que desde su equipo de campaña se pone tanto énfasis en polarizar las elecciones barcelonesas entre CiU y Barcelona en Comú, porqué sacando el espantajo del comunismo judeo-masónico de Ada Colau se intenta que el ciudadano obvie el independentismo diáfano de Alfred Bosch.

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Cabe no olvidar que durante la presente legislatura en Barcelona se ha apostado por un modelo de ciudad que al PP le va de perlas. Por ejemplo, la ordenanza de terrazas ha ayudado a la privatización de espacios públicos y la ampliación de La Maquinista se ha pactado a cara descubierta con los populares. También se ha hablado de pactos menos evidentes, como el que supuso la tibieza de CiU en el apoyo a la entrada de la capital catalana a la Associació de Municipis per la Independència.

Hacer una campaña maniquea contra los males del perroflautismo es la situación idónea para CiU, que podrá seguir entendiendose con los populares mientras ningunea a Bosch o le acusa de no ser tajante en la negativa a pactar con Colau. Pero no podemos descuidar que, mientras tanto, el alcalde ha declarado mostrarse abierto a pactar con cualquiera, incluidos Colau y Fernández Díaz. Esta libertad de movimientos “sí que le conviene”.