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Hofmann (Carlotta) y Workman (Alviano), en la escena en la que la artista pinta el retrato del noble en Die Gezeichneten, de Franz Schreker, en la Opéra de Lyon.

STOFLETH

El jardín de las perversiones

Rosa Massagué

La Opéra de Lyon recupera 'Die Gezeichneten', de Franz Schreker, una de las grandes obras del siglo XX

El jardín más hermoso puede esconder las peores perversiones. Puede ser, por ejemplo, un escenario de Ciudad Juárez donde mujeres jóvenes, tras ser raptadas y violadas en orgías, desaparecen sin que nunca más se sepa de ellas.  

Esto es lo que ocurre en la isla paradisíaca creada en honor de la belleza por un hombre de una gran fealdad, por Alviano Salvago, el protagonista de 'Die Gezeichneten' ('Los marcados' o 'Los estigmatizados') de Franz Schreker (1878-1934). La obra casi centenaria era el plato fuerte del festival 'Los Jardines Misteriosos' de la Opéra de Lyon.

Lo era por tratarse de su estreno en Francia (¿para cuándo en España?), pero lo era más que nada por ser una grandísima ópera del siglo XX, enviada al olvido por las miserias de la historia. Recuperada en Frankfurt en 1979 --60 años después de su estreno en aquella misma ciudad-- las producciones que se han hecho después pueden contarse con los dedos de una mano.

Autor del libreto y de la música, Schreker situa su historia en la Génova del Renacimiento. La isla que ha construido Alviano y que nunca ha visitado por no querer ensuciar con su fealdad la belleza del lugar que ha creado, se ha convertido en escenario de orgías de los nobles genoveses en las que desaparecen las jóvenes más hermosas de la ciudad.

Sabedor de cuanto ocurre, Alviano decide acabar con los desmanes regalando la isla a la ciudad. Esta decisión desencadena los acontecimientos. Carlotta, la hija de la máxima autoridad civil, es una joven enfermiza que se dedica a la pintura. La artista ha visto la belleza del alma del ser deforme, quiere plasmarla en un cuadro y le convence para que pose. La joven le declara su amor a un Alviano incrédulo primero pero después rendido a la joven, que sufre un desmayo, y a la que apenas osa tocar.

Tras captar su alma y recuperarse del desvanecimiento, el interés amoroso de Carlotta por Alviano desaparece. Por el contrario, desea a Tamare el noble más crápula y más guapo de toda la pandilla. Es un deseo correspondido hasta el punto que el noble reniega de su pasado de perversión aunque está dispuesto a poseerla sea como sea.

La cosa, como es de prever, acaba muy mal. Ante la incredulidad de los burgueses y del pueblo, los nobles acusan a Alviano de los delitos que ocurren en la isla. Tamare y Carlotta se entregan al amor, Alviano mata al joven, la joven muere de un síncope, y el hombre que ha vivido odiándose a sí mismo por su fealdad enloquece.

A primera vista puede entenderse 'Die Gezeichneten' como la oposición entre la belleza interior más allá de la real y la física, y la fealdad de unos comportamientos corruptos, obscenos y delictivos. Pero Schreker vivía en la misma ciudad y en el mismo mundo en el que Sigmund Freud desarrollaba sus teorías. Y además, compuso esta ópera en plena primera guerra mundial.

"No veo a los hombres como buenos o malos", escribía Schreker al crítico Paul Bekker en una carta en la que los definía como balones a merced de las pasiones, "siendo la más poderosa el deseo sexual". De ahí deducía que el comportamiento humano debía ser forzosamente contradictorio y acababa preguntándose."¿Qué está bien y qué está mal?" 

Musicalmente Schreker pertenece al tardo-romanticismo. Es un post-wagneriano total, pero que bebe también del impresionismo. Crea un sonido de gran opulencia a partir de una orquesta muy numerosa. Formaba parte de un conjunto de músicos de mucho éxito en Alemania, como Alexander Zemlinsky Erick Wolfgang Korngold, todos ellos con orígenes judíos, a los que el nazismo condenó al descrédito y al silencio calificando su música de "degenerada".

La puesta en escena estrenada en Lyon es obra de David Bösch, un joven alemán de gran talento de quien  recordamos un excelente 'Mitridate' en Múnich, hecho de sencillez, inteligencia y fácil comprensión. Estas virtudes están también presentes en su trabajo para los 'estigmatizados'.

Bösch va directamente al grano. Mientras la orquesta empieza a seducir al público con un gran preludio van apareciendo recortes de prensa con fotos de jóvenes desaparecidas. Ya sabemos que lo que vendrá a continuación no será fácil.

Bösch sitúa la acción en la actualidad y prescinde de la belleza del ambiente y del lugar. Deja que sea la música, especialmente en la introducción al tercer acto que transcurre en la isla, la que describa la belleza. Hay un único decorado que admite ligeros cambios reforzados por unas imágenes de fondo que van cambiando según el momento. Reina la oscuridad, el suelo está inclinado, la decadencia está en todas partes.  

En la representación del día 22 de marzo el tenor Charles Workman, como Alviano, hacía un gran trabajo trasmitiendo todas las dificultades vocales de un personaje desagraciado hasta la locura final. La soprano Magdalena Anna Hofmann, pese a unos agudos algo chillones, era una Carlotta que dibujaba bien todos los recovecos vocales de su complicado personaje. El barítono Simon Neal, como Tamare, además de un físico natural para el papel, no les andaba a la zaga. Era muy de destacar el trabajo actoral de los tres protagonistas. El resto de cantantes y el coro manifestaron muy buen nivel.

Llegados a este punto hay que hablar de la orquesta que en esta ocasión dirigía el maestro argentino Alejo Pérez.  Su interpretación fue excelente lo que me lleva a la siguiente reflexión. Las tres óperas presentadas en el festival 'Los jardines misteriosos' no podían ser más distintas desde todos los puntos de vista. Todas han tenido distintos directores, Etienne Sieberts para 'Sunken Garden', Enrico Onofri para 'Orfeo ed Euridice', y el citado Pérez para 'Die Gezeichneten', y en todas ellas la orquesta ha tenido unas prestaciones de altísimo nivel.

Este nivel es el resultado del trabajo de quien ha sido su director desde la temporada 2008-2009, de Kazushi Ono. En septiembre el director estará al frente de la OBC, algo de lo que debemos alegrarnos, pero a mí me gustaría verle en el Liceu, donde seguro que haría un gran trabajo y una gran orquesta.

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