A propósito de una visita ginecológica

Sobre Olga y su ITV

La 'salud de la mujer' se ha convertido en un mundo codiciado por médicos, radiólogos y laboratorios

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Querida Olga:

No tengo el placer de conocerte pero a veces compartimos páginas en EL PERIÓDICO y siempre te leo con gusto. Tu artículo sobre la ITV ginecológica del pasado día 8 de febrero (La visita al 'gine') me divirtió mucho -lo de sentirse «cual pularda sobre mármol frío», no tiene desperdicio- y a la vez alentó una reflexión acerca de la oportunidad y sentido de tales visitas. Aquí está.

No te oculto que adoro las interioridades del mundo femenino a las que invitan tus líneas. Si tuviera que escoger una desviación sexual sería la de voyeur. Creo que lo soy bastante, pero como la mirada indiscreta es gesto común de hombre, no sé hasta qué punto me desvío de la norma. Para mí que es herencia de las películas de mi admirado Ingmar Bergman que mostró en la pantalla la siempre sorprendente, profunda y alambicada psique femenina. Woody Allen, que siempre ha reconocido su deuda con Bergman, se le acerca, pero le falta ese punto de indiscreción, drama y hondura de análisis que demostró el cineasta sueco. Hasta aquí un antecedente plausible que acaso justifique el placer de leerte y, especialmente, el de imaginar la escena que protagonizas en tu artículo.

A lo que íbamos: tu visita al gine. Me sorprendió que centrases tu artículo en si tus preferencias deberían recaer en ginecólogos hombres o mujeres. No porque me parezca una cuestión banal -supongo que debe ser tema común de charla entre amigas-, sino porque soslaya el tema de fondo: ¿son las visitas regulares al ginecólogo/a absolutamente necesarias? Me parece que no. Desafortunadamente la llamada salud de la mujer se ha convertido en un mundo codiciado por facultativos, laboratorios, radiólogos y algunos especialistas más que no cesan de exagerar -en beneficio propio- los peligros para la salud que os acechan por ser mujeres. ¿Te imaginas a los hombres acudiendo periódicamente al andrólogo/urólogo? (ya hay imprudentes varones que lo hacen y muchos de ellos han perdido innecesariamente sus próstatas). Algo raro se ha ido cociendo alrededor de las enfermedades, reales o inventadas, propias de tu sexo.

La historia empezó con la citología periódica para prevenir el cáncer de cuello uterino, luego llegaron las mamografías anuales para detectar el cáncer de mama, seguimos luego con la deficiencia estrogénica de la menopausia y sus riesgos para el esqueleto, más tarde la endemia de ansiedad y depresión por la que se está medicando una tercera parte de tus congéneres. Y eso sin meternos en la medicalización del embarazo y el parto a la que habéis contribuido haciéndoos madres bien entrados los 30. Y aunque en todo esto tengáis algo de culpa, no os merecéis la que se ha montado sobre vuestra salud y vuestro bienestar. Lamento que el discurso feminista se polarice en la falocracia y el machismo y descuide formas más sutiles, pero a la larga tan o más lesivas, de abuso de la condición femenina como, por ejemplo, la ITV.

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Prácticamente ninguna de las intervenciones médicas que acabo de citar tienen aval científico y si lo tienen, es cuestionable. Pueden tener aval político, crematístico y hasta de reivindicación de género, pero no científico. Algunas, como el tratamiento con estrógenos tras la menopausia o las mamografías periódicas, no solo no alargan la vida ni disminuyen la carga de enfermedad sino que tienen efectos adversos que debéis conocer. Doscientas de cada mil mujeres sometidas a mamografías durante diez años sufrirán una consecuencia indeseable (segundo aviso, biopsia quirúrgica) con la carga psicológica del a ver ahora qué pasa. El tratamiento hormonal tras la menopausia cayó en desgracia cuando se vio que incrementaba el riesgo de cáncer y los accidentes vasculares. A las mujeres que fueron víctimas de las alegrías de la industria farmacéutica y la seudociencia que le dio soporte nadie les ha pedido disculpas. Miles de mujeres están siendo tratadas innecesariamente por supuestas osteoporosis al haber sido sometidas sin indicación alguna a densitometría ósea que más de un gine solicita de rutina a todas pacientes que han cumplido los 40.

Piénsalo bien antes de volver a otra ITV, sea médico o médica quien te visite. Las tetas te las puedes tocar tú misma, un gesto simple que se ha mostrado tan o más útil que la mamografía para detectar un bulto en el pecho. Los bajos se cuidan con prudencia y buen juicio, no con medicinas. La menopausia se asume. Y para el esqueleto, nada como los yogures, el ejercicio y no fumar. No exagero. Házme caso. Paso de los 60 y ya lo he visto y oído casi todo. Hoy los cuidados de la salud de la mujer son un mito que ha reemplazado a otros de los que nos hemos desprendido ingenuamente pagando así cara nuestra ignorancia y la idolatría de la salud.