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Los catalanes, de hecho, en Catalunya, hay una gran estima por la cultura. Defendemos la lengua y sacamos pecho de la denominación de origen de referentes internacionales como Dalí, Pau Casals y Gaudí. Nos llena moralmente que, a pesar de nuestra pequeña dimensión mundial, llegamos a ser citados como un espacio digno de imitar. Sin embargo, caemos en la tentación de creer que la cultura no tiene precio. Nos quejaremos de la subida del IVA, del precio de las entradas del cine y las de los teatros, a pesar de que estas últimas suelen tener un colchón presupuestario de la misma institución para que los espectadores no noten la subida del 8% al 21%. De quejarnos nos quejamos tanto, que erróneamente afirmamos: "La cultura debería ser gratuita".

Recuerdo que hace un par de meses, cuando conversaba con un compañero que se quiere dedicar profesionalmente al entrenamiento de equipos de fútbol, él me contaba que hay algunos libros de estrategia y técnicas de entrenamiento totalmente imprescindibles sobre el "fútbol moderno". "¡Vaya!", Exclamé, "si es así, dime los títulos o déjamelos para que les dé un vistazo". "Nada", respondió, "te los puedes descargar por una página web que te diré donde hay miles de libros". No recuerdo el nombre, pero sí mi reacción. La piratería, es evidente, también asalta es mundo escrito. De hecho, recuerdo como Quim Monzó en el programa 'Versió RAC1' explicaba como pilló a una usuaria de Twitter vendiendo sus libros por 2 euros con un sistema de venta muy interesante: ella tenía el libro de Monzó en PDF, ponía el anuncio en internet, los interesados le ingresaban el precio pertinente y ella les enviaba vía email el archivo PDF. ¿Beneficio para la usuaria? El 100% de los dos euros, el 0% restante para la editorial, el editor y el autor, quien trabaja por "amor a la cultura".

Del mismo modo que lo hace esta usuaria, también lo hacen muchas copisterías cercanas a las universidades que, una vez saben qué bibliografía obligatoria hay en las asignaturas de ese año académico, fotocopian una parte de todos los títulos, o el libro entero, y lo venden por menos de cinco euros.

No es gratuita

Hace poco días podíamos ver como el Banco Santander salía en todas las portadas de los periódicos con un gran anuncio. EL PERIÓDICO, 'La Vanguardia', 'El País', 'El Mundo'... Todos, excepto algunos, abrían con una publiportada. "¿Dónde está la independencia?" Exclamaban las redes sociales. La independencia de los bancos, las instituciones públicas y los partidos políticos depende, precisamente, de los ciudadanos.

Las subvenciones culturales no existirían si este país consumiera cultura. Los diarios serían independientes si tuvieran un espesor de suscriptores que les hiciera rentables y los obligara a mantener una línea editorial. Tampoco vale decir que vives de los suscriptores cuando tienes un partido detrás.

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No nos hagamos los sorprendidos cuando un teatro cierra, un diario inserta más anuncios o hay subvenciones para muchos medios de comunicación. En el mundo cultural, hoy en día, es la manera de continuar. Para bien o para mal. Pregúntate, por ejemplo, ¿eres suscriptor de algún medio?

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