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Análisis

Cita a ciegas

Cristina Manzano

El régimen cubano puede aprovechar este dulce momento con EEUU para profundizar en el plan de reformas económicas de Raúl Castro

Será como reencontrarse con un antiguo novio. Cuando Roberta Jacobson aterrice en La Habana al frente de la primera delegación oficial estadounidense en la isla después de medio siglo, lo hará sin saber muy bien qué se va a encontrar ni cómo la van a recibir. La secretaria de Estado adjunta para Latinoamérica llegará con todas las expectativas, y también con toda la cautela. Al otro lado la estará esperando Josefina Vidal, directora para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

Comenzarán por ponerse al día sobre la familia, con una nueva ronda de diálogos migratorios. El objetivo real, sin embargo, es explorar la vía práctica para restablecer las relaciones diplomáticas. Como en una cita a ciegas, habrá juego de miradas, de palabras no dichas, de tratar de conocer al otro sin dejar traslucir el pensamiento propio. Frente a la proverbial franqueza norteamericana, los diplomáticos cubanos son maestros de la contención, dominan los tiempos, el tiempo; tanto que el régimen parece haberlo detenido en las calles de sus ciudades. Pero ahora son conscientes de tener una oportunidad única: aprovechar el dulce momento con Estados Unidos para profundizar en las reformas económicas impulsadas por Raúl Castro, sin renunciar en ningún momento a la virginidad de la Revolución.

Pese a haber liberado en los últimos días a los 53 presos políticos reclamados por Washington, en el toma y daca de gestos de buena voluntad vuelve a tocarle a Castro mover ficha. No en vano, Estados Unidos acaba de relajar las sanciones que pesaban sobre viajes y asuntos comerciales, lo que resulta un paso decisivo en el proceso de la normalización diplomática.

La china en el zapato

La geografía y la política han otorgado siempre a Cuba un papel mayor que el que la lógica podría atribuirle por tamaño, por población -poco más de 11 millones-, ni siquiera por recursos. Pero la querida Perla de las Antillas de los españoles pasó a ser para el imaginario norteamericano de la doctrina Monroe un estado más de la Unión, un territorio que incorporar, por lo que su pérdida tras la revolución castrista fue más que traumática. Por no hablar de lo que supone haber sido, durante más de 50 años, la china comunista en el zapato de primer país capitalista del mundo, allí al lado, en su mismísimo patio trasero, como dicen ellos.

Ambas diplomáticas, Jacobson y Vidal, y sus respectivas delegaciones, saben que tienen que dejar de lado recelos pasados para poco a poco poder abordar el futuro. Lo primero es construir la confianza y parece que están dispuestas a no dejarse llevar por las voces, aún muchas, que se oponen a retomar el noviazgo.

No es solo una buena oportunidad para Cuba y para Estados Unidos. Lo es también para el conjunto de América Latina -aunque tal vez Nicolás Maduro no lo vea así-, que podría volver al radar de la política exterior estadounidense. Cuando la región comienza a sentir los efectos de la desaceleración económica y frente al imparable avance de Asia, contar de nuevo con el interés del vecino del Norte podría acabar siendo una fantástica noticia.

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