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La clave

Marx ha vuelto

Juancho Dumall

La formación de Pablo Iglesias se ha convertido para algunos en una especie de peligro público para la democracia

La destemplada reacción de algunos medios de comunicación -y no solo de la derecha- a la asamblea que este fin de semana ha celebrado Podemos en el pabellón madrileño de Vistalegre da idea de hasta qué punto la formación política de Pablo Iglesias se ha convertido para los genuinos representantes del maltrecho régimen del 78 en una especie de peligro público para la democracia. Ayer se destacaba en los diarios de Madrid que Podemos no llenó (asistieron 7.000 personas al cónclave, menos que a algunos mítines del PP y del PSOE en el mismo recinto), que el formato del acto fue similar al de cualquier otro de los partidos de la casta, que Iglesias estaba escoltado por seis encargados de seguridad y que una incondicional le dio una palmada allá donde la espalda pierde su honesto nombre. Es decir, descalificaciones de tono paternalista y denuncia de que el idealismo de estos chicos desaparece cuando se topan con la realidad.

Pero lo más destacado en las portadas fue la frase, inequívocamente inspirada en Karl Marx, pronunciada por Iglesias durante su encendido discurso: «El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto». Los más exagerados han querido ver ahí una referencia a futuras situaciones violentas. Otros ven en la retórica de Podemos una vuelta al viejo ideal comunista encarnado por la URSS. Por lo visto, el comunismo aún asusta, ¡25 años después de caer el Muro!

Dotes mitineras

Pero lo que hizo Iglesias en su intervención fue aprovechar sus innegables dotes mitineras para soltar un discurso radical y esperanzador para quienes han perdido toda su fe en la vieja política. En realidad, Iglesias ha asentado este fin de semana su liderazgo en Podemos, pese a que el interesante debate sobre el modelo organizativo continúa, y se ha presentado ante la sociedad española como un nuevo líder que aspira a todo, incluida la llegada al Gobierno (el asalto al cielo).

Se ha recurrido mucho a la comparación entre Iglesias y el joven Felipe González de la transición. La paradoja es que este tuvo que desprenderse del marxismo para llegar al poder, mientras aquel, 35 años después, recupera los postulados de Marx para ganar votos.

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