Análisis

¡Que le vaya bien, señor Gallardón!

La retirada de la reforma de la ley del aborto es un triunfo de las mujeres, la razón y la modernidad

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El señor Rajoy anuncia que retira el proyecto de ley del aborto, la famosa ley Gallardón. Y Gallardón tira la toalla y se va. Excelentes noticias, por varias razones. 

La primera: gran noticia para las mujeres. Ninguna mujer puede estar nunca segura de no tener que abortar, ella o alguien de su entorno. Los motivos que llevan al aborto son muy diversos, algunos de ellos trágicos, porque implican un riesgo para la vida o porque se derivan de una violación. Por eso las mujeres abortan sean ricas o pobres, de derechas o de izquierdas, religiosas o ateas. Las razones para ello son tan poderosas, tan íntimas y tan de fondo que las creencias y las dificultades pasan a segundo término. La ley Gallardón no habría impedido ningún aborto decidido: nadie es madre por imperativo legal. La diferencia no está en abortar o no, sino en hacerlo de manera segura y normalizada o hacerlo de malas maneras, con el riesgo de ser denunciada o de morir. 

Razón de peso, pues, para felicitarnos por esta victoria. Pero hay más. El proyecto era, también, una ofensa para las mujeres, tratadas como seres subordinados a la reproducción. Dar la vida es nuestro privilegio; sacrificarlo todo a esta función, de buen grado o por fuerza, nos rebaja de nuevo a la condición animal. Nos remite a sociedades que aún no han superado la edad media y tratan a las mujeres como objetos a intercambiar entre hombres, como propiedades que se usan y se tiran cuando es necesario. Las europeas hemos ganado duramente el derecho de ciudadanía y luchamos para que otras mujeres la consigan. No podemos dar ni un paso atrás. Y esta ley era un mensaje en la línea de "vuelve a casa", "ten los hijos que Dios te envíe", tan querida por la Iglesia. Pues bien, hoy esta posición es inadmisible para la gran mayoría, mujeres y hombres. Nadie debe decidir sobre nuestras maternidades. Y eso hasta muchas mujeres del PP lo comparten. 

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Pero aún hay más de lo que alegrarnos. Precisamente porque el fondo de la ley no era humanitario, sino político, esta retirada es una victoria sobre el PP. La movilización de las mujeres ha sido fuerte y firme. El poder del PP todavía es grande, no debemos menospreciarlo, pero tiene grietas, incluso internas. Pérdida de votos, subida de Podemos, malas noticias económicas... Lo peor que puede hacer un gobernante es querer imponer lo que los suyos le piden. Cuando gobierna, debe hacerlo para todos, y medir las fuerzas de unos y otros, mal que le pese. Si no sabe esta primera lección, todo el mundo acaba perdiendo, él el primero. 

Triunfo de las mujeres, pues, y de la razón y la modernidad. Pero atención: no nos podemos desmovilizar. La última palabra no ha sido dicha. Hay aún un recurso en el Tribunal Constitucional contra la ley vigente del aborto, y por este camino se pueden colar cambios que acaben llevándonos de nuevo a una especie de ley Gallardón. Habrá que mantenerse vigilantes y seguir diciendo no. Y llenar de nuevo, si conviene, los alegres trenes de las mujeres.