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Matteo Renzi era la estrella invitada al primer pleno del Parlamento Europeo. Este mes de julio se inicia la presidencia italiana del Consejo, y había gran expectación sobre el programa del joven nuevo primer ministro italiano.

Renzi ha demostrado en estos primeros días un gran ímpetu por reformar institucionalmente Italia, su Constitución y su ley electoral. Su victoria en las elecciones europeas fue impresionante, siendo su partido, el PD, el más votado de toda Europa.

Había hoy gran expectación por las propuestas que haría ante el Parlamento tras las elecciones, y por la concreción de su insistencia en poner mayor énfasis en el crecimiento frente al ritmo suicida de la consolidación fiscal. La expectativa la combinábamos con un punto importante de escepticismo, por la decepción de las conclusiones del pasado Consejo Europeo de la semana pasada donde no sólo no se apuntaba ninguna estrategia de crecimiento creíble sino que además se blindaban de forma explícita los instrumentos jurídicos europeos en los que se apoya el austericidio.

Tras un discurso bien construido, culto y con la retórica y belleza que suele acompañar a los discursos de los oradores italianos, el vacío en el que ha caído su propuesta nos ha decepcionado. Detrás de magníficas referencias a la necesidad de recuperar "el alma de Europa", a la necesidad de simplificar su entramado institucional y construir lo que él llama 'smart Europe' (¿qué carajo significará eso?), o a que los europeos "tenemos el deber de estar a la altura de la herencia recibida", cuando ha empezado a hablar de crecimiento no ha concretado ninguna, ni una sola propuesta.

Barbara Spinelli en nombre de la GUE y Philippe Lamberts en nombre del grupo Verdes/ALE le han interpelado sobre una importante cantidad de cuestiones. Lamberts le ha recordado que algunos instrumentos esenciales de la política fiscal europea actual, entre ellos el llamado six pack y two pack entran pronto en revisión. Le ha preguntado si pensaba exigir e impulsar modificaciones de los mismos para dar aire a las finanzas públicas. Le ha preguntado sobre la necesidad de establecer indicadores sociales, como el nivel de pobreza y paro, entre los objetivos de política económica. Sobre la necesidad de establecer un seguro europeo de desempleo. Sobre la Unión Energética y la posibilidad de crear puestos de trabajo en la economía verde. Sobre la lucha contra el fraude fiscal. Lamberts incluso le ha recordado que son precisamente Roma y París quienes actualmente bloquean el avance de la Tasa de Transacciones Financieras.

Hemos obtenido el silencio por respuesta. En su turno de réplica, y tras fingir un enfrentamiento con el líder del Partido Popular Europeo, el alemán Webber, sobre el incumplimiento por parte de Alemania del Tratado de Estabilidad hace unos años, no ha querido entrar en ninguno de los temas planteados. Sobre el papel, la Presidencia italiana lleva como propuesta estrella que el Banco Europeo de Inversiones libere fondos ya existentes para desarrollar una estrategia de crecimiento. La cuantía y la orientación de esa inversión sigue siendo un misterio que Renzi no ha revelado.

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Como tampoco ha revelado nada sobre qué entiende él por avanzar hacia "una política europea de inmigración". Ni una sola referencia al drama de los refugiados sirios, por cierto.

El juicio de la Presidencia italiana del Consejo llegará a final de año, pero a juzgar por lo escuchado hoy no creo que estemos ante nada excesivamente revolucionario. Lamberts ha resumido perfectamente la intervención de Renzi al señalarle: "Tiene usted sr. primer ministro el talento de la palabra, no de la propuesta".

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