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Ideas

Regreso a Sòria

Jaume Subirana

Hace unos días me pasó una cosa extraña; fui a la presentación de un libro y en la sala había un número significativo de escritores, críticos y editores, de gente del gremio, además de los habituales amigos y conocidos. El libro en cuestión era la reedición, 23 años después, de Mentre parlem. Fragments d'un diari iniciàtic, título con el que Enric Sòria obtuvo en 1990 el premio Joanot Martorell. Entonces la obra fue editada (más por compromiso que por entusiasmo) Edicions 62, pero con un recorte considerable, producto no de ningún problema ideológico sino de las tan catalanas ganas de ajustar los gastos. Ahora la mejor editorial universitaria de España, Publicacions de la Universitat de València, ha vuelto a apostar por el libro. Y apuesta, de hecho, por el autor, dado que hace poco ya reeditó también su espléndido volumen de lectures Incitacions.

Hace ya un montón de años, con motivo de la aparición de Mentre parlem, escribí que un dietario es una apuesta a todo o nada, porque enaltece o hunde a un autor, sin medias tintas. Con esta segunda edición ahora completa entiendo que no sólo el diarismo enaltece o hunde: también lo hace el tiempo. Y me enorgullece decir que Sòria supera con nota ambos retos. Han pasado más de 20 años y las páginas y las consideraciones del autor sobre cultura local y literatura universal mantienen su interés como lo mantienen los dietarios ya amarillentos de Tomàs Garcés, de Marià Manent, de Pere Gimferrer o de Valentí Puig. Lo amarillento quizá sea una buena señal: pasan las modas, cambiamos de vida, de trabajo y de piso y hemos tenido que desprendernos de un montón de libros, pero estos de los que hablo (como los de Enric Sòria) todavía nos acompañan. Y cuando un día los abrimos evocan no ya un tiempo pretérito sino al autor y a nosotros en una magnífica suspensión de inteligencias y miradas hecha razonamiento a base de palabras. Sòria habla de libros, de metáforas, del País Valencià, de algún premio literario, de arte, de Ortega, de Pavese, de Fuster, de Borges. De las fibras que conforman el tejido inmenso que es la literatura. Escúchenlo.

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