ESTRATEGIAS OBLICUAS

Aguirre sigue a la fuga

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Aparcar en el carril bus en una de las calles con más tráfico de la ciudad está mal. Encararse con los agentes que te sancionan, diciendo que «o multita o bronquita», es peor. Desobedecerles y huir del lugar sin esperar a que terminen su trabajo lo agrava aún más. Derribar una de las motos de los agentes en la fuga y no detenerse ni cuando lo ordena, con las sirenas encendidas, la policía municipal es todavía más grave. Refugiarse en el palacete y mandar a los escoltas de la Guardia Civil a negociar la rendición con un «parte amistoso» es ya la leche. Pero el colmo de todo esto, lo más intolerable, es lo que ha pasado después: ver a Esperanza Aguirre, de gira por todas las televisiones y radios del país, culpando a los agentes de «machismo», de «buscar la foto», de aparcar «malísimamente» la moto y de una «detención ilegal».

Aguirre sigue a la fuga y cada paso que da tras su primer error lo agrava aún más. Sus actos retratan a una persona prepotente, hipócrita, mentirosa y desconectada de la realidad. Alguien que se cree por encima de la ley, tan acostumbrada a mandar que es incapaz de respetar otra autoridad que no sea su propia voluntad.

En un país más normal, Esperanza Aguirre habría acabado la fiesta en comisaría, igual que cualquier otro españolito que hubiese protagonizado un episodio así sin ser la condesa que aún reina en el PP de Madrid. En Inglaterra, los ministros dimiten por ocultar una multa por exceso de velocidad. Sobra decir qué carrera política le quedaría si, en vez de Madrid, Aguirre aspirase a la alcaldía de Londres, París, o Berlín.

Huida hacia delante

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Sus rivales políticos en el PP celebran esta huida hacia delante. «Que siga cavando hasta que se hunda», dicen desde Génova. Aguirre se enfrenta a un más que probable proceso judicial. Ya no es aforada y lo va a tener muy difícil para evitar una sanción o una pena mucho más dura que los 200 euros de multa por aparcar en el carril bus.

Hasta ahora, las huidas de Esperanza Aguirre le han salido bastante baratas. Se escapó de «la gestapillo», un caso de espionaje político con dinero público calcadito (salvo por la ausencia de dimisiones) al watergate. Se presentó como la persona que destapó la Gürtel, un pantano que inundó su propio Gobierno autonómico y que tiene en el PP de Madrid que ella preside el mayor número de imputados. Culpó a «Pío, Pío, Pío» (García Escudero) de Fundescam, un escándalo de financiación irregular de su campaña electoral en el 2003 que no prosperó judicialmente porque estaba prescrito. Y así hasta hoy. «Después de todo lo que ha hecho, caerá solo por tres trajes», ironizan desde Génova. Aguirre sigue a la fuga y puede, solo puede, que esta vez no consiga escaparse.