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Los SÁBADOS, CIENCIA

Se dislexia la cura

Manel Esteller

Los ciudadanos deben aprender a distinguir los avances científicos de las proclamas interesadas

El genial director Mel Brooks comenzaba una de sus alocadas películas mostrando a un hombre que abre el periódico y en la portada, en grandes caracteres, aparece el titular Se dislexia la cura. Siempre me ha hecho sonreír esta escena, porque refleja muchas veces que la noticia supera a la realidad, ya que si verdaderamente se hubiera encontrado una solución efectiva a esta afección pondría  La dislexia se cura. Y esta anécdota cinematográfica me sirve para ilustrar la necesidad que tienen ciertos medios de comunicación de ofrecer titulares atractivos que superen la realidad en relación a los descubrimientos científicos. Como también se dice en el periodismo, «que la verdad no te estropee una bonita historia». Si quieren saber más de todo esto, nada mejor que volver a ver la película Primera plana, de Billy Wilder, interpretada por los irrepetibles Jack Lemmon y Walter Matthau. Yo la vi por primera vez de adolescente en una sesión de madrugada de mi añorado Ateneu Santboià y comprendí gracias a ella muchas cosas de cómo captar el interés del público y de la mecánica del periodismo.

Existe hoy un ansia por parte de la sociedad por estar actualizada sobre los últimos hallazgos científicos. Este fenómeno es aún mucho más manifiesto si hablamos de investigación biomédica, porque todo el mundo tiene un amigo, un familiar o un conocido afectado por el cáncer, por el alzhéimer, por una angina de pecho o por una enfermedad genética. Todos quisiéramos leer que se ha encontrado una cura contra las enfermedades más comunes, y muchas veces el profesional de la información nos quiere dar esta información y entonces peca de optimista. Para que nadie se sienta especialmente ofendido, pondré un ejemplo de nuestra propia investigación: en el  2011 descubrimos que un antibiótico era capaz de frenar el crecimiento de células tumorales en el laboratorio y en ratones. ¿Cómo lo tituló un diario? Un antibiótico cura el cáncer. Ya me gustaría, pensé.

Las soluciones para intentar evitar la exageración de ciertos descubrimientos pueden ser múltiples, y yo tampoco tengo ninguna varita mágica para remediarlo, pero si me permiten quisiera dar algunas propuestas. La primera sería que los medios de comunicación considerasen mejor al profesional del periodismo científico y le tuvieran más respeto. Sería deseable que no estuviera relegado, si este es el caso, detrás de los redactores de política, deportes o chismorreos sociales. De esta manera, estos periodistas no deberían buscar conseguir la atención como pueden de quien decide qué va en las páginas principales de un diario o se incluye en un telediario.

Una segunda solución es que de una vez por todas invirtamos en una mejor educación científica y tecnológica de nuestra sociedad: un lector, oyente o televidente con conocimientos de investigación sabrá mejor leer entre líneas y distinguir perfectamente el grano de la paja. Fiémonos más de los resultados de investigadores contrastados que publiquen sus descubrimientos en revistas de prestigio y que además hayan trabajado con muestras reales de pacientes que de los demás. Y sobre todo, caución: el hallazgo de un mecanismo alterado en una patología no significa casi nunca que al día siguiente tendremos un nuevo tratamiento contra esa enfermedad.

Finalmente, quisiera recomendar la formación de periodistas especializados en ciencias experimentales, porque siempre es más fácil explicar lo que has encontrado a una persona que tiene unas nociones sólidas de biomedicina, física o química que a alguien que está acostumbrado a dar cuenta de las tonterías que salen de la boca de algún político antidiluviano.

Todo cambia muy rápido. Pero quizá no cambia nada. Como se dice en El Gatopardo de Lampedusa, «todo tiene que cambiar para que nada cambie». Si creemos que la red nos proporciona más información científica fidedigna, estamos equivocados. En realidad, se parece mucho a la rumorología de los vecinos de un pueblo pequeño que se reunían en el bar de la plaza del pueblo y convertían una sospecha en una realidad. Debido a la gran cantidad de noticias de investigación presentes en internet, todavía debemos ser mucho más escrupulosos seleccionando y separando lo que está comprobado y es importante de lo que son proclamas interesadas o producto simplemente de la superstición o la ignorancia. Así, si usted, lector, quiere decir qué piensa, utilice también mi twitter (@ManelEsteller). Y esperemos que la inmediatez no nos devore.

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