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La noticia más relevante que nos ha dejado el plenario celebrado este viernes ha sido la privatización de la gestión de los aparcamientos del centro de Barcelona. Una operación en la que se hace muy difícil, sinceramente, encontrar el interés general, algún motivo que permita mejorar la vida de los barceloneses. El gobierno municipal ha esgrimido, con sospechosa vehemencia, un objetivo, aparentemente convincente: conseguir 100 millones de euros con los que poder construir 1.000 pisos de protección oficial. En una ciudad que registra una media de 20 desahucios diarios, el objetivo, ciertamente, es lo suficientemente relevante como para detenernos un momento. Si perder el control y la gestión directa de 15 aparcamientos públicos y el de otros 11 que hoy están en manos privadas pero a los que les vence la concesión en los próximos años ha de significar una alternativa a la falta de viviendas, en una situación de emergencia como la actual, puede Trias esté obrando acertadamente.

La sorpresa, sin embargo, se esconde en el cierre económico municipal correspondiente a 2013. Un cierre presupuestario que el alcalde ya ha firmado pero que no quiere, todavía, explicar. Según los cálculos del Grupo Municipal Socialista (GMS), el resultado es positivo, de más de 120 millones de euros. ¡Nos equivocábamos! Después de pedirlo con insistencia, después de exigir que dieran la cifra exacta en el mismo Plenario donde se aprobaba la privatización de los aparcamientos, finalmente el Gobierno lo terminó confirmado a un medio de comunicación: el resultado del cierre económico correspondiente a 2013 ha sido de... ¡140 millones de euros! Sí, no es ningún error: mientras Barcelona sufre una fractura social que amenaza la cohesión en muchos barrios de la ciudad, su Ayuntamiento ingresó el año pasado 140 millones de euros más de los que gastó.

Esta cifra inaudita (la de 2012 ya era excesiva y sólo subía a 60 millones de euros) coincide en el tiempo con el informe anual firmado por la Síndica de Greuges, quien continúa advirtiéndo --mejor, alertando-- de la incapacidad municipal para atender el crecimiento de las necesidades sociales los barceloneses. Gastar más de lo que se ingresa es propio de malos gestores, pero gastar menos, y en estas proporciones, es mostrar una absoluta insensibilidad hacia el sufrimiento de muchos ciudadanos. El Gobierno conservador, mientras iba haciendo caja rechaza nuestro Plan de Barrios, recorta el gasto dedicado a los necesarios planes de ocupación, incrementa las tarifas del transporte público, recorta servicios en las guarderías y en el conjunto del sistema educativo y concentra las inversiones en las áreas de la ciudad que menos sufren la crisis. Ciertamente, políticas y decisiones propias de un verdadero alcalde de las personas...

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En cualquier caso, y denunciada la tacañería del Gobierno, estos 140 millones de euros descansan hoy bien planchados en la caja municipal, ya que no se han gastado cuando tocaba y en lo que tocaba. Se pueden dedicar a la vivienda y a todas aquellas áreas sociales que lo requieren. Hay que añadir, sin embargo, que no son producto de ningún ingreso extraordinario o de un ejercicio excepcional, sino simplemente de una mala previsión del Gobierno que, con certeza, se volverá a repetir el año 2014. Cuando discutíamos el presupuesto de 2013, recuerdo que el principal desacuerdo era que los socialistas proponíamos incrementar el gasto en 130 millones de euros atendiendo una previsión de ingresos superior a la que hacía el Gobierno. Cada vez más cercana al PP, Sònia Recasens --que nunca aceptará que se encontró el Ayuntamiento más saneado de España-- nos dijo entonces que estábamos instalados en la cultura del déficit. El tiempo nos ha dado la razón.

Recasens ha escrito que la operación de los parkings "representa el cierre de un círculo virtuoso". Tiene toda la razón la teniente de alcalde de economía, este es un proceso que se repite circularmente: recortes e incremento de tasas en pro del equilibrio presupuestario. Esto obliga, entre otras cosas, a privatizar servicios públicos con la excusa de paliar necesidades sociales. Y en silencio van drenando recursos hacia la Generalitat y empequeñeciendo la potencia municipal. Hace casi tres años que el círculo se repite. La lástima es que en vez de virtuoso empieza a ser vergonzoso.