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LOS SÁBADOS, CIENCIA

Las claves de la investigación

Manel Esteller

Solo la suma de esfuerzos, la generosidad, la transparencia y la valentía nos conducirán al éxito

Como fui monaguillo antes que fraile y todavía estoy en contacto en el día a día con la investigación de primera línea que se hace a pie de trinchera pero también he de asumir varias veces asuntos de gestión derivados de la misma, me permitirán que suelte un par de ideas sobre la investigación. Cosas que están bien y hay que resaltar, y cosas que habrá que cambiar. Son las cuatro palabras mencionadas en el subtítulo. Estudiémoslas con detalle, amigos.

a) Suma. Muchas veces hay que sumar esfuerzos y establecer alianzas para lograr los objetivos deseados. Sea contribuir a curar una enfermedad, estudiar las partículas subatómicas, analizar la macroeconomía o producir mejores cosechas resistentes a los patógenos. Estas colaboraciones forman parte del día a día del investigador («Si yo sé de bioinformática y tú del genoma, pues trabajemos juntos para estudiar las aplicaciones de la primera en la segunda»), pero también deberían serlo de las instituciones.

De esta manera sumaríamos diferentes áreas de experiencia y se podrían ahorrar recursos económicos. Los acuerdos entre el Institut de Recerca Biomèdica de Bellvitge y el Hospital Clínic de Barcelona para estudiar las metástasis, entre el Centre de Regulació Genòmica y el Institut de Recerca Vall d'Hebron para estudiar enfermedades genéticas, o incluso entre nosotros y la Fundació Pasqual Maragall para estudiar la epigenética del alzhéimer son buenas noticias en este sentido. Pero todavía tenemos que buscar más complementariedades y aprovechar el excelente xup-xup de los investigadores de nuestro país.

b) Generosidad. Se trata en este caso de una generosidad individual, colectiva y de las personas con capacidad ejecutiva en investigación. Los catalanes demuestran día a día su voluntad de ayudar a los demás, sea con iniciativas solidarias sociales como la Fundació Banc dels Aliments o la Marató de TV-3, dedicada cada año a una enfermedad diferente. O como la magnífica labor que desarrolla la Fundació Josep Carreras contra la leucemia con sus socios altruistas. ¿Se nos puede pedir más, y encima en las circunstancias económicas actuales?

Pues sí. Todavía tenemos y podemos hacer más. Un ejemplo: en otros países europeos el porcentaje de población que destina dinero a la investigación es del 50%, mientras que aquí es solo del 15%. También nuestros políticos y gestores deberán ser generosos en la investigación y conformarse con recaudar menos impuestos: explicar que si en otros países hay más donantes para la investigación es porque se les desgrava por este concepto un 60%, mientras que aquí estas aportaciones solo descuentan un 25%. Seamos todos más generosos y la sociedad se beneficiará en su conjunto.

c) Transparencia. Si se exige a la sociedad civil más apoyo a la investigación, y a los investigadores que obtengamos unos resultados que repercutan en beneficio de la misma, también se debe pedir transparencia sobre la forma en que se concede y administramos el dinero que recibimos. No puede ser que una institución retire dinero de la beca de un investigador para comprar un producto para hacer experimentos y luego no se pague al proveedor. Mala gestión. Un balance no se cuadra solo con recortes a diestro y siniestro, sino también haciendo llegar más dinero a la caja. Pero para ello los investigadores deberían estar presentes en muchos de los órganos directivos, y no lo están. También hay que recordar que toda solicitud de financiación para la investigación debería ser evaluada externamente por un comité de expertos que tuviera en cuenta la idea presentada y el currículo del grupo que la propone. Seamos transparentes, y si a alguno le molesta la luz, ¡que se ponga gafas de sol!

d) Valentía. Los investigadores no debemos temer presentar proyectos osados. Nadie creía que con cuatro cositas se pudiera hacer una célula madre a partir de una célula adulta diferenciada, y ahora están en todas partes. Todo el mundo hablaba de que la mayor parte del ADN era «basura», y ahora esta parte del genoma es el área más caliente de la genética. Pero para ser valientes, las agencias financiadoras deben huir del café para todos (descafeinado, claro) y de consorcios tipo chiste «van un francés, un inglés y un español...» y plantear más convocatorias tipo European Research Council o Explora.

Debemos estimular a Bruselas para que también fomente aún más las propuestas arriesgadas de grupos que ya han demostrado su éxito en el pasado, pero también de jóvenes prometedores que se quieren comer el mundo. Buscamos más proyectos innovadores como el estudio Alfa, donde participan miles de voluntarios para estudiar una posible prevención de la demencia, o estudios rompedores de organoides en cáncer. Seamos valientes, compañeros.

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