29 mar 2020

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Un activo potente de Catalunya

Jordi Pujol

"Catalunya da una respuesta positiva, por volumen y por forma de hacer, al problema de las necesidades sociales emergentes"

A menudo, cuando hablamos de los puntos fuertes y de los puntos débiles de la sociedad catalana, entre los fuertes está la larga lista de entidades del denominado Tercer Sector Social, es decir, de entidades que atienden a personas y sectores en situación crítica, y no atendida o no suficientemente atendida por los servicios públicos.

Personas en situación crítica por vivienda, por comida, por enfermedad, por edad, por salud mental, por drogodependencia, por paro prolongado y múltiple, por pobreza y exclusión, por inmigración muy desatendida, por destrucción de la familia, etc. Un colectivo grande y que se ha doblado en los últimos diez años.

Se entiende que esto haya sucedido porque del año 2000 al 2012, la población de Catalunya ha pasado de 6.261.999 a 7.565.603. Con mucha gente que desde el primer momento vive en condiciones precarias. No existe ningún país europeo que proporcionalmente haya experimentado un crecimiento tan grande. Y nosotros lo hemos tenido sin contar con todos los instrumentos políticos, sociales y económicos de los que los estados consolidados disponen.

A todo ello, se ha añadido la crisis económica y social. La situación difícil de las instituciones públicas. El paro que ha crecido mucho en poco tiempo. El desánimo de muchas familias. Todo ello configura una situación social y humana muy difícil. A veces hasta angustiante.

Contra todo esto luchan los poderes públicos. Y se puede decir que en muchos sectores y en muchos aspectos de una forma muy positiva. Más positiva de lo que se podría temer analizando fríamente la magnitud del problema.

Del año 2007 al 2011, es decir, en cuatro años, las personas que directa e indirectamente han recibido ayuda de este Tercer Sector han pasado de 1.650.000 a 2.250.000. Un incremento muy grande, y que va en aumento.

Capacidad organizativa y sensibilidad

Proporcionalmente Catalunya es uno de los países europeos que por cantidad y por características de la economía y de la sociedad (el gran peso de la inmigración como un factor muy importante) debe aguantar un peso económico y social más fuerte. Con números en la mano (de población, de paro, de pobreza), la sociedad debería estar mucho peor de lo que está. Que esto no sea así es mérito en un alto porcentaje de la capacidad organizativa y de la sensibilidad de nuestra sociedad. La respuesta que está dando en este momento de crisis grave es un mérito y un orgullo de la sociedad catalana. Una respuesta que la deja en muy buen lugar incluso comparativamente.

Cuando decíamos que hay país –es decir, que somos un país con capacidad– a menudo nos referimos a la capacidad de movilización política, o de reivindicación social, al espíritu emprendedor económico, a la creatividad cultural… Pero no es menos cierto, ni menos importante, que Catalunya da también una respuesta positiva –por volumen y por forma de hacer– al problema de las necesidades sociales emergentes. Necesidades que los poderes públicos no siempre alcanzan a resolver. Y que producen una situación, a menudo dramática, de indefensión de mucha gente.

Contra esto se produce en Catalunya una reacción de gran magnitud de la sociedad civil.

Estos días, con motivo del Congreso del Tercer Sector, la importancia y calidad de este hecho se ha puesto nuevamente de manifiesto. Hay aflicción porque no se llega a todo el mundo ni a todas partes, pero ni que sea con mirada autoexigente, se puede ignorar y no valorar la respuesta que da en conjunto nuestra sociedad. Y no se trata de vanagloriarse de nada. Todo lo contrario, se trata de analizarnos sin autocomplacencia. Y personalmente y como sociedad autoerigirnos más y más. Pero no sería justo ni sería más eficaz no valorar lo que en conjunto hay en nuestra sociedad de positivo en cuanto a la capacidad de reaccionar contra la desgracia y el dolor de mucha gente.

Esto también es un activo de Catalunya. Y de los más importantes. En el que participa todo tipo de gente y de organizaciones. De la Iglesia, de entidades sociales muy diversas, de empresas y sindicatos, simplemente de grupos pequeños o grandes sensibles al dolor y al desasosiego. Todo tipo de gente.

Y esto lo podemos y lo debemos considerar un activo importante, muy importante de Catalunya. Y lo podemos hacer, si no nos hace olvidar que esto no exime los poderes públicos de hacer todo lo que les corresponde hacer. Y si todos juntos lo hacemos con humildad.

Centre d'Estudis Jordi Pujol