24 oct 2020

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tú y yo somos tres

El peculiar abogado defensor

Ferran Monegal

Nos ha gustado mucho en casa ese arranque de Ana Pastor entrevistando al abogado de Bárcenas, el letrado Javier Gómez de Liaño. ¡Ahh! Este jurista es una criatura de trayectoria sugestiva y pintoresca. Su figura es tan analizable como la de su propio cliente. Es verdad que los focos de la actualidad están sobre Luis Bárcenas, y como es natural la entrevista de Ana ha sido sobre su defendido, el famoso extesorero del PP ingresado en Soto del Real. Ha resultado pavoroso constatar, a través de las preguntas y respuestas, ese grado de colosal martingala de ordenadores con discos duros que resulta que el propio PP ha borrado, de secretos y pactos delirantes, de mentiras a granel por todas partes, y de cintas de video de las cámaras de seguridad que están desaparecidas o extraviadas. Pero al margen de que la gran estrella es Bárcenas, me resisto a que la personalidad de su abogado defensor quede subsumida, o tapada. Viéndole ahí sentado frente a Ana me he acordado de cuando era tremendo juez de instrucción de la Audiencia Nacional. Y de cuando fue apartado acusado de prevaricación. Y de cuando el presidente Aznar le echó una mano para que pudiera volver a ejercer de abogado. Y de los casos más famosos que ha defendido desde entonces, llamativos procesos sobre gente del hampa, traficantes, blanqueadores de dinero -desde las mafias de la noche de la llamada operación Edén, hasta el capo ruso-georgiano Kalashov-, y hay que reconocer que este exjuez, hoy abogado, se ha especializado en la defensa de chorizos importantes, lo cual es una deriva, o progresión, en su trayectoria profesional realmente meditable. Hubo un momento, fantástico, cuando Ana, alucinada ante esa destrucción de discos duros y cambiazos variados que según Gómez de Liaño el PP ha perpetrado sobre los ordenadores de Bárcenas y sobre las cámaras de seguridad de la calle Génova, que advirtió con deliciosa ingenuidad: «Es sorprendente que ante esta destrucción y esta obstrucción a la Justicia ustedes no se planteen querellarse». Y Gómez de Liaño respondió con una pasmosa tranquilidad: «No es sorprendente. La misión de un abogado defensor es defender, no acusar».

¡Ahhh! Es colosal la transmutación de este letrado. Cuando era juez procesaba con una alegría bárbara. Y ahora que es defensor parece no acordarse que la mejor defensa es un ataque. Sobre todo cuando el ataque está fundado y justificado.