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"Van cien mil muertos en Siria desde enero del 2011, a ver si nos enteramos"

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Concentración frente a la embajada siria en Madrid el pasado sábado.

Concentración frente a la embajada siria en Madrid el pasado sábado. / EFE / SERGIO BARRENECHEA

Hubo un momento ayer en que pensé que quizá, los sentimientos de repulsa de la comunidad internacional deberían ser retroactivos. Porque cuando empecé a ver en redes sociales cómo alguien sacaba del cajón el 'No A La Guerra' del 93, sentí vergüenza. Propia y ajena. También indignación de ver cómo de nuevo y otra vez, por los siglos de los siglos amén, nos tirábamos los trastos a la cabeza unos y otros en relación a qué coño hacer, con Siria en esta ocasión.

El mundo de las preposiciones es jugoso y muy creativo. Ponga usted la que le convenga, con tal de que entienda de qué va esto: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre, tras Siria. Da igual. Elija la que elija, no cambiará el hecho de que durante dos años y medio han estado cayendo muertos todos los días en un conflicto civil sangriento, pero irrelevante para nosotros. Algunos lo llamábamos guerra hace tiempo, pero que si quiere empezar a referise a ella ahora que se fija, allá usted. Y mira que hemos visto cosas, merece la pena recordarlas:

Homs: Tras meses de sitiar la ciudad en el 2011, el ejército del régimen sirio bombardeó la ciudad (no centros militares) durante dos meses en febrero del 2012, y culminó la operación con ataques terrestres: Sitiar y bombardear, todo es empezar, como en la Edad Media. Antes de la guerra, era la tercera ciudad más poblada de Siria, un nodo industrial importante centrado en el refinamiento de petróleo, procesamiento de remolacha azucarera, textiles, joyería y obras metalúrgicas. De 900.000 habitantes quedaron 300.000 y las cifras hablan de trece mil muertos, mil de ellos durante los bombardeos.

Alepo: Vino después, en junio del 2012. Con una población de más de cuatro millones de habitantes, es o era, o será de nuevo algún día, la segunda ciudad más importante de Siria tras la capital, Damasco. Doce mil muertos tras los bombardeos y, algo que parece una irrelevancia en estos contextos: la destrucción total de la ciudad antigua, que había sido declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986.

Van cien mil muertos en Siria desde enero del 2011, a ver si nos enteramos. Y claro que muchos no son causados por el régimen sirio, si no por el ejército rebelde que no es uno y grande, sino muchas facciones, cada una de su padre y de su madre y desde luego, unas más defendibles que otras. De ahí que no se haya optado por armarles desde las potencias internacionales, o no abiertamente: entre sus filas están grupos yihadistas que recuerdan a Bin Laden con veneración y alboroto. Como para echarles un cable. Hermanitos de la caridad no son y desde luego, han causado bastante más destrucción y muerte durante estos años de lo que podemos soportar rumiando la ensalada ante el televisor.

Claro que, esto no hace buenos a sus contrincantes. ¿o sí? ¿Vamos a jugar a contar mentiras, tra-la-rá? Avisadme que no me he puesto el traje de niña pequeña, y puede que la talla no me vaya muy bien a estas alturas.

Ismael Peña, que para todo vale este chico (merece la pena bastante leerle y si os deja, acompañadle) se hacía ayer dos preguntas que suscribo porque yo no podría haberlas formulado mejor: “¿Es posible la “paz” a cambio de imperialismo? ¿Es preferible la masacre para preservar la pureza de espíritu?”. El 21 de Agosto murieron, de acuerdo a las informaciones de las fuerzas rebeldes, 1.400 personas en el barrio de Goutha en Damasco a causa de las armas químicas usadas indiscriminadamente contra la población siria. Eso es una torre gemela señores. Pensemos esto: el 21 de agosto cayó una tercera torre gemela. ¿Fue nuestra reacción igual, o parecida, o mínimamente proporcional? Pica reflexionar sobre esto pero, las cifras son las que son. MSF habla de 355 muertos de los que tienen constancia en los seis hospitales en los que trabajan en Damasco y bien, aunque en este caso no sería la comparación de cifras con NYC válida, podemos irnos a Londres en julio del 2005 (270 muertos) o incluso antes y más cerca: Madrid, marzo del 2004 (191 muertos). No necesito suscribir las cifras de los rebeldes para saber que lo que ocurrió es una salvajada. De hecho, espero no ser tan reducida de mente como para rebajar esto a una cuestión de números.

Irak y Libia

Irak y Libia A mí no me llamáis imperialista. El ejército norteamericano mató a mi compañero (nuestro compañero) José en Baghdad, el mismo día que acalló a las emisoras internacionales presentes con bombas para que no enseñaran lo que iban a hacer al día siguiente. Y lo hicieron, con el mundo a oscuras. A mí no me vais a simplificar la rabia de una forma tan fácil.

Recuerdo un viernes de hace un par de años, cuando Gadafi gritó de nuevo desde uno de sus balcones: “voy a sacar a las ratas de Bengasi: el que no se vaya terminará pasado a cuchillo”. Y de nuevo, el espanto de tener que decidir entre apoyar una intervención nada ingenua, nada imparcial, y muy poco honesta de USA o quedarnos con el puño en alto y cerrar los ojos -la combinación era necesaria- ante la barbaridad que se avecinaba. La ONU autorizó una zona de exclusión aérea y el ejército norteamericano actuó -de forma quirúrgica dicen los escribas, afinando bastante poco- en nombre de la OTAN.

¿Sería esto válido para los que dicen NO a todo estos días? ¿Tampoco? Quizá deberíamos dirigir nuestra ira contra países como Rusia y China, que están ejerciendo su derecho a veto en la ONU no dejando que se firme nada al respecto. Y no nos olvidemos de Alemania que no está diciendo nada estos días y no es por estar en campaña electoral como nos cuentan en los periódicos: en el caso de Libia se abstuvo en la resolución de Naciones Unidas: parece ser que el Bundestag se mueve al ritmo del sonido de sus euros, y poco más. Una prueba más de su verdadera cara.

Va una pregunta incómoda: ¿Si USA, o la OTAN, o la ONU, o la UE, autorizara una operación internacional para abrir pasos en las fronteras de Gaza y Cisjordania, si hubiera una resolución internacional contra los abusos de Israel, también diríamos que no? Sé que esto no va a pasar, y conozco perfectamente las razones pero a lo que voy es: ¿vamos a hacer que la población civil siria pague las incongruencias e injusticias de las decisiones internacionales? ¿Creéis posible que una familia del este de Damasco diga: “no, no nos ayudéis, a menos que intervengáis en todos las zonas donde se están produciendo abusos”? Cuando pontificamos sobre la correlación de fuerzas internacionales y sus podredumbres, ¿estamos pensando en la población civil masacrada de aquí y de allá? Digo, la que no sabe si acabará hoy el día con todos los miembros de su familia vivos. A esa me refiero.

Israel: ¿Por qué no te callas?

Israel: ¿Por qué no te callas?No nos vamos lejos. Porque si hay declaraciones que queman los oídos son las del gobierno de Netanyahu estos días. Sus ministros han hablado para certificar (ellos sabrán cómo) que Assad ha utilizado armas químicas contra su propia población, y la desfachatez les ha llevado a apuntar la “ceguera internacional” de no condenar lo ocurrido. No puedo ni quiero evitar el recuerdo de cómo Israel usó (y reconoció, tras negar las evidencias) también armas de este tipo contra la población palestina hace nada en el timeline de la Historia, en el 2009.

En aquel momento fue fósforo blanco, de uso prohibido en enclaves civiles desde 1983. Se cifran los muertos en 1.400 -trágica cifra coincidente- en Hawa (Gaza) en pocos días, y nada menos que contra refugiados en edificios de la ONU. Hubo “críticas internacionales”, entonces y frases made in USA del tipo “Israel tiene derecho a defenderse”. Nada de sanciones. Sin secretarios de estado norteamericanos diciendo: “tiene que haber respuesta contra los que usan las armas más terribles contra la población más vulnerable”, como sí ha dicho John Kerry hace menos de 48 horas sobre Siria.

De modo que, tontos no somos. Y sí, estamos enfurecidos por que la ONU no sea útil en una situación dramática como la actual. Una vez más. OrgaNización iNútil, la llamamos algunos. Otros la defienden, citando que UNICEF y ACNUR (Organismos de las Naciones Unidas centradas en infancia y refugiados, respectivamente) existen y sí sirven. No tengo un criterio claro pero sí veo que la pata asistencial y su relevancia nada desdeñable no suplen la inoperatividad del organismo para tomar decisiones en política internacional. Porque hacen falta, y para eso se montó este chiringuito tras la segunda guerra mundial.

Yo por mi parte, no quiero una intervención unilateral de USA, ni de USA acompañada de Inglaterra, Francia y Turquía. Quiero ver los resultados de las investigaciones de los expertos estos días en la zona (dicen que las evidencias se mantienen hasta dos semanas, hay tiempo), no me valen las “seguridades” de norteamericanos e israelíes. La memoria de sus mentiras en Iraq están más que recientes. Quiero una respuesta consensuada, pero firme. Y una evaluación continua, crítica y vinculante de lo que se haga.

¿Y si no llega? Esta es la pregunta que nos da miedo. ¿No hacemos nada? ¿Hasta la próxima, y volvemos a hablar de Gibraltar y de las declaraciones de hacienda de Rubalcaba?. Para mí la solidaridad entre los pueblos de la que hablamos tanto en la izquierda significa mirar más allá de nuestras fronteras. Y la redistribución de la riqueza también implica repartir las posibilidades de apoyar poblaciones que no son las nuestra, pero que asumimos propias cuando se las ataca, humilla, cerca, bombardea, tirotea: asesina.

En Palestina, sí. Y en Kurdistán, y en África y sus conflictos olvidados, y en Colombia, y en el sureste mexicano, y en Siria, también.

Porque, y vuelvo al texto de Ismael Peña, tendremos que pensar alguna vez que si no somos parte de la solución, es que somos parte del problema.

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