29 mar 2020

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De la picardía

Jordi Pujol

"Un país necesita políticos y hombres de una pieza, capaces de aguantar situaciones difíciles. Incluso, muy difíciles. Y sin garantía de que se les reconozca lo que hacen"

Hablaremos de la picardía, porque es una actitud que en el ámbito colectivo puede hacer daño. Hace daño.
Hay una forma inocente de ser pícaro. Picardía dentro de las reglas de un juego no tramposo. Picardía hecha de habilidad, pero no de trampa. Pero ahora hablaremos de la picardía que considera normal el engaño. Y que juega con valores que la sociedad necesita que sean sólidos, y de respeto y de admisión generales.

Con un ejemplo muy breve, y que pasa cada día, se entenderá qué quiere decir picardía. Aplicada a la política. Por desgracia pasa muy a menudo. Porque la circunstancia política, social y económica se presta a ello. Y porque la exigencia ética en los asuntos públicos en general no es lo suficiente potente.

Un político que no puede gobernar porque no tiene mayoría pero que aún así cree que, según como, puede sacar provecho de su situación. Si actúa con picardía. O que tal vez sí que podría participar en una acción y en una responsabilidad de gobierno, pero que a estas alturas es peligroso y poco recompensado todo lo que signifique asunción de responsabilidad. Y que, por tanto, otro planteamiento puede ser más provechoso para él o para su partido. Y opta por un planteamiento diferente, y por llevar a cabo una acción política de las características siguientes.

Sabe que el país está en una situación financiera muy precaria. Que naturalmente repercute en la posibilidad del gobierno de atender debidamente a determinados sectores sociales, económicos, culturales, asistenciales, etc.

Le resulta fácil ir a agitar los ánimos en sectores afectados por esta imposibilidad del gobierno. Y a prometer que presentará una moción al Parlamento que, si el gobierno no tiene mayoría para evitarlo y se aprueba, le obligará a hacer los cambios necesarios en el presupuesto para no rebajar la subvención que debería pagar. Una vez hecho esto, el diputado en cuestión irá a hacerse aplaudir al barrio, pueblo, comarca o escuela correspondientes.

Este es el primer acto de la función. El segundo consiste en detectar de dónde ha sacado dinero para pagar la subvención que estuvo a punto de no poder pagar. En lenguaje actual: "de dónde y qué ha recortado el gobierno". Y a partir de ahí, encontrar a los afectados y organizar la protesta correspondiente. Y esto se puede ir repitiendo.

A los políticos o a los sectores políticos que hacen esto nadie les podrá negar que son espabilados. Y que son pícaros. Pero no es el tipo de gente que un país necesita. Y menos en tiempos de crisis grave. Un país necesita políticos y hombres de una pieza, capaces de aguantar situaciones difíciles. Incluso, muy difíciles. Y sin garantía de que se les reconozca lo que hacen.

Esto es lo que necesitan ahora muchos países de Europa. Y evidentemente Catalunya. Donde es cierto que hay pícaros, y espabilados, y gente que rehúye el riesgo de la responsabilidad, pero también gente capaz de aguantar tempestades y embestidas que vienen de fuera. Y nuestras propias debilidades. También las picardías de los de casa. Pero, razón de más para que la gente que en condiciones tan difíciles aguanta y no se esconde --no se esconde ni se hace el pillo-- quiera contar con mucha comprensión y mucha colaboración.