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Los catalanistas han tenido históricamente cierta admiración por Euskadi. Es la denominada «vasquitis» que afecta a muchos soberanistas de Catalunya. Cuando el lendakariIbarretxeplanteó entre el 2007 y el 2008 el pulso anteZapateropor la consulta, los catalanistas miraban al Palau de la Generalitat y se lamentaban delpresident Montilladefendiendo el Estatut desde un segundo tripartito que muchos no entendieron. Mientras el Govern defendía el catalanismo de izquierdas, el lendakari plantaba cara a Madrid con el derecho de los vascos a decidir su futuro.Ibarretxeperdió el pulso, ganó las elecciones pero no pudo gobernar por la polémica ley de partidos, y en el PNV le dejaron solo. Se fue, y durante un tiempo coincidieron unpresidenty un lendakari socialistas. Inédito. La «vasquitis» bajó porque entonces CDC pasó del catalanismo al soberanismo y se produjo el retorno de CiU a la Generalitat con unpresidentMasque nada tenía que envidiar aPatxi Lópezcomo nacionalista.

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Ahora esMasquien plantea un pulso soberanista a Madrid con la consulta, y son los nacionalistas vascos los que envidian a los catalanes. Las tornas han cambiado. El dirigente catalán provoca admiración entre algunos sectores de Euskadi por comparación con su actual lendakariUrkullu, que nada tiene que ver con losArzalluz,Egibaro el propioIbarretxe,y entronca con el PNV pactista deImaz.

La «vasquitis», que el socialistaNavarrointenta combatir con su propuesta de eliminación de los conciertos económicos vasco y navarro, no ha dado paso a ninguna «catalanitis». Admiran la determinación delpresidenty la alianza parlamentaria entre CiU y ERC, pero tienen memoria y saben cómo acabóIbarretxe.La caverna madrileña sueña con ello.