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Dos miradas

Pocos intelectuales han sido capaces de colocar un pensamiento con tanta rotundidad como Zygmunt Bauman. Su «modernidad líquida» es una moneda de uso frecuente a la hora de analizar los signos de los tiempos que vivimos. Una vez arrinconadas las verdades absolutas, pétreas, imperturbables, resulta que habitamos en un mundo de fluctuación, no solo porque todo es menos sólido y tiende a la evanescencia, sino porque circula también como un fluido más vigoroso e inestable. Modernidad líquida, sí, y también rápida, oscilante, con menos puertos donde atracar la nave y con naves más dispuestas a viajar que nunca.

Bauman, claro, es mucho más que eso. La sabiduría y la perspicacia, la observación detallada y profunda, le han convertido en un analista de primer orden que enseñará su corpus (con una consistencia nada acuosa) en la Cátedra Ferrater Mora de Pensamiento Contemporáneo de la Universidad de Girona, desde hoy y durante toda una semana, en un diálogo con colaboradores y expertos en su obra. Hablará de los tiempos del interregno y de la diáspora, de la cultura digital y la sociedad de consumidores, y también de los tiempos de los sueños, los temores y las esperanzas. En una sesión abierta al público no universitario, mañana, martes, Bauman propone discernir entre el concepto de Europa como «nacimiento» o como «muerte agónica». Un panorama altamente atractivo, inquietante. Una pregunta que, hoy, nos interpela a todos.

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