El turno

De sotanas viejas y curas veloces

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El obispo de Lleida,Joan Piris,ha admitido una debilidad que lo acerca mucho más a sus feligreses que cien sermones. Le gusta correr al volante y cree que algunos límites de velocidad son de difícil comprensión en determinados trayectos. Es innegable que la seguridad de los coches ha mejorado ostensiblemente desde que se fijaron los topes de velocidad legal; lo que no implica aceptar la irresponsabilidad del conductor, sino abogar por la flexibilidad y la actualización de las normas. Su confesión de pecador social da más valor a su petición de conducir con la máxima atención y tener siempre bien presente el dolor de las víctimas de la carretera.

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Confieso que llevo unos días pendiente de Germinans Germinabit, un blog de Infocatólica, el portal desde donde los curasclergymanpasan cuentas con los curas progres, Església Plural y la Fundació Joan Maragall; como en la rectoría de la serieLa Riera, pero subido de tono. ¿Qué debe pensar Prudentius de Bárcino de la predisposición dePirisa correr más de lo permitido? Estos amantes del latín consideran al obispo de Lleida el gran error del arzobispoRicard Maria Carles, por el que sienten devoción, a diferencia de su sucesor, sobre el que con el sobrenombre que le han puesto está todo dicho: Titanic Sistach. A esta moderna legión de sotanas antiguas no les gusta que el obispo leridano se resista a entregar las obras de arte religioso de la Franja de Ponent a Aragón. Ahora que saben que es un infractor de tráfico, lo van a condenar al infierno, seguro.

La política, con sus batallitas, sus amagos de ruptura definitiva y sus reconciliaciones milagrosas, nos tiene muy entretenidos, y quizá por eso hemos desatendido las tensiones internas de los católicos, su jerarquía, sus grupos de presión, sus activistas, sus fieles. Ríanse de los políticos.