04 jul 2020

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El turno

Por otra realidad política

J.M. Terricabras

Los términos realismo y realidad, que parece que deberían conectar con lo que todos vemos y sabemos, no son nada obvios, sino muy, muy discutibles. ¿Es realista querer salir de la crisis con las mismas recetas que nos han conducido a ella? ¿La realidad actual es inocente y neutra, o bien responde a ideologías, intereses y objetivos que tendríamos que discutir y, si es preciso, cambiar urgentemente?

En la vida pública, los llamamientos que se hacen a favor del realismo y de la realidad casi siempre son llamadas a favor de medidas conservadoras, que rechazan el cambio, la crítica, la innovación o el ensayo. Hay demasiados líderes convencidos de que lo que no se aviene con su realismo y con su realidad es algo peligroso que hay que evitar. Pero cada día también existe más gente que cree decididamente que otro mundo es posible, es decir, que otra realidad es posible, y que la quiere.

Y esto suele ocurrir en economía, pero también sucede en la vida política, concretamente en la catalana. Desde hace meses y años el movimiento independentista ha crecido extraordinariamente. Y los que se oponen a ella todavía lo hacen repitiendo que la independencia no es realista, que es peligrosa. ¿Para quién? ¿Por qué no exponemos de una vez cuáles son los peligros de la independencia y los comparamos con los de la dependencia? ¿Cuál sería aquella realidad y qué realidad es esta? ¿O debemos recordar que los demócratas no tenemos que hablar de forma abstracta y amenazante si queremos ser de verdad realistas, es decir, si queremos hablar de la realidad que nos afecta, de la que puede afectarnos?

Es bien poca cosa el realismo que solo trata de gestionar las crisis. ¿Y si quisiéramos superarlas? ¿Y si pensáramos en formas de superarlas que no fueran las de siempre? La realidad que tenemos, en cualquier terreno, no es la única posible. Y si esta realidad no es la mejor, tenemos que construir otra.