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Dos miradas

Un poso de esperanza

Emma Riverola

En el pregón de las fiestas de la vendimia de Alella, el actor Abel Folk se refirió al vino como arte físico. El arte que vemos, olemos, saboreamos e ingerimos. El sueño de todo artista. La posibilidad de ver su obra deglutida y fundida en el espectador o el lector.

En el fondo, quizá, todos deseamos ser vino. Aspiramos a provocar. A emocionar. A ser degustados. Y, al fin, a dejar un poso en la memoria de alguien. La muerte de José Antonio Labordeta nos dice que es posible. Que se puede vivir y morir dejando en todos el recuerdo de una bebida noble, consistente y unánimemente reconocida. Ayer, bastaba con dar un repaso a los diarios de los colores más diversos para encontrar artículos positivos sobre su vida y su obra. Y eso, en alguien con una ideología tan marcada no es fácil. Él era de izquierdas. Pero le lloran las derechas y las izquierdas. Lágrimas por la pérdida de un sabor irrepetible.

La historia es tozuda. Desde la época romana, los viñedos de Alella han desafiado guerras, sequías, plagas e, incluso, han plantado cara a la expansión urbanística. Como ellos, el espíritu de lucha, la avidez intelectual, el humor y la pasión por la vida de Labordeta persistirán impregnados en su obra. El mejor poso para creer que, puestos a tener un sueño, el de su canción-himno valía la pena: Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad.

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