Ir a contenido

Siete x siete

'Non nos entenden, non'

Antón Losada

En la primavera de 1890, Eduardo Pondal compuso la que acabaría siendo la letra oficial del himno gallego: un poema al que tituló Os Pinos. Lo hizo a requerimiento del músico mindoniense Pascual Veiga, en previsión de que pudiera quedar desierto el certamen musical convocado por el Orfeón número 4 de A Coruña para elegir la mejor «marcha regional gallega». En su tercera estrofa reza: «Mais só os iñorantes e féridos e duros, imbéciles e escuros, non nos entenden, non». Siglo y pico después, seguimos más o menos igual. Aparte de hacernos matizar ese «imbéciles» apasionado, pero políticamente incorrecto, continúan sin entender, o siquiera escuchar, aquel rumor de pluralidad nacional que traen los pinos rumorosos del bardo de Ponteceso. Quienes tienen esta idea de España como invento único no comprenden, o no quieren aceptar, que otros tengamos otras ideas, o incluso ninguna, del tal invento. Y como al parecer España solo puede haber una y no cincuenta y una, y además solo puede ser la suya, las otras son sectarias, o excluyentes, o no tocan, o se prohíben, o se las sentencia inconstitucionales, o se las declara carentes de eficacia jurídica.

Esa falta de voluntad para entender a quienes tenemos esa otra idea del artefacto nacional que compartimos aporta la peor sensación que dejan las reacciones por la sentencia del Estatut. Bastante peor que Cospedal mezclando sin agitar un combinado seco de fascismo y marxismo; y gracias que alguien la paró a tiempo, que si no también caen el dadaísmo, el cubismo y el más infame entre los males de la humanidad: el centrocampismo. Peor también que ese cinismo de reclamar agradecimiento porque ahora sí se ajusta a derecho, no como antes, que iba torcido. Peor incluso que agarrarse a la mentira piadosa de que con este limpia, fija y da esplendor del tribunal, Catalunya tendrá el mayor autogobierno de su historia. Lo peor de todo ya no habita en la sentencia ni en su redacción, que no mejorará la primera impresión. Lo peor de todo se instala en este presentimiento de que estamos al otro lado del río con esa tristeza insubsanable que, como gregueriza Gómez de la Serna, no se arregla ni con un puente.

0 Comentarios
cargando