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En sede vacante

¿El día del orgullo de Gay?

Josep Maria Fonalleras

Después de tanto tira y afloja, si hay sentencia del Tribunal Constitucional, y si es tan negativa como nos tememos, las reacciones pueden ser, de tan radicales, imposibles, o sea, un espectacular brindis al sol que no sé imaginar hacia dónde puede llevarnos. Si no la hay, si el tribunal desiste o si llega a un nivel de absurdidad tan enorme que lo empuja a la confesión de la imposibilidad de llegar a un acuerdo, entonces el retraso o el fracaso pasan a ser un balón de oxígeno hasta las elecciones. En el escenario de esa hipotética implosión, me resultaba extraño que Eugeni Gay no recibiera presiones para acelerar el proceso. El magistrado, si se decidiera a dar un paso individual que implicara un rechazo de las formas y las actitudes de sus colegas, provocaría una crisis que sería cierta y contundente. Esto es lo que acaba de insinuar el político más bien valorado del país, el demócratacristiano Duran Lleida. Lo ha hecho al estilo dubitativo de CiU, que recibe las críticas humorísticas y feroces de Polònia. Ha comunicado a Gay, jurista católico, apostólico y romano, que estaría bien que tomara alguna medida por el estilo aunque no se ve con valor suficiente para pedirle una acción tan drástica, a pesar de saber que sufre, a pesar de que es decisión del magistrado, a pesar de que le tiene mucho afecto, a pesar de que ya debe de saber cómo hay que hacer estas cosas, a pesar de que es muy sensible, a pesar de que debería tener un gesto personal.

Gay pensará que no es el momento de dejar así como así un trabajo tan duro, «nunca visto en el mundo», pero ahora recibe un golpecito en la espalda, cariñoso, pero severo. ¿Tendrá que hacer frente al reto del orgullo patriótico que le plantea Duran? ¡Qué papeleta, pobre Gay! Que Dios Todopoderoso le coja confesado.

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