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La Sala de les Diversions renueva sus instalaciones

El desván del Museu Frederic Marés incorpora varios autómatas

Eduardo de Vicente

Fachada del Museu Frederic Marés en la que anuncian, a la derecha, la remodelación de la sala.

Fachada del Museu Frederic Marés en la que anuncian, a la derecha, la remodelación de la sala. / EPC

Dentro de la completa oferta del Museu Frederic Marés, donde podemos ver esculturas de este artista, así como de otros autores desde antes de Cristo o el Gabinet del Col·lecionista, con todo tipo de objetos cotidianos, destaca su sala superior, el desván, que compone la denominada Sala de les Diversions, dedicada al mundo del ocio en la Barcelona del siglo XIX y principios del siglo XX. Recientemente, este espacio ha sido remodelado aportando tres novedades principales: la mejora de la accesibilidad para las personas con movilidad reducida, una iluminación con leds más tenue con la intención de crear una atmósfera nostálgica y la recuperación de la colección de autómatas, que han sido restaurados con mimo por Lluís Ribas, encargado del Museu dels Autòmats del Tibidabo. Esta excusa nos sirve para darnos una vuelta por esta lúdica estancia.

Aspecto general de la Sala de les Diversions.

/ MUSEU FREDERIC MARÈS / GUILLEM F-H

Soldaditos y teatros

A la entrada, a modo de prólogo, se nos muestra una amplia colección de soldaditos de plomo, de infantería y de caballería o barcos, pero lo que más sorprende son sus procesiones con las autoridades, los monaguillos o el cura y con el cortejo llevando la estatua de la virgen. Datan del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX y se trata de piezas de los talleres barceloneses Ortelli y Lleonart, así como de distintos fabricantes europeos.

En el primer espacio podemos ver una completa colección de soldaditos de plomo.

/ MUSEU FREDERIC MARÈS / GUILLEM F-H

En el primer espacio de la sala, propiamente dicha, hallaremos un amplio conjunto de teatros de papel montados en muebles a medida en láminas para recortar entre los que destacan siete dioramas del siglo XVII del grabador alemán Martin Engelbrecht. Representan todo tipo de escenas: serpientes, un pueblo nevado, una posada, una celda, un palacio, un bosque o un estudio científico. Justo al lado se encuentra un rincón dedicado al teatro del XIX con programas de mano, imágenes y noticias de la época (como la bomba del Liceu), fotos de los actores más relevantes como Iscle Soler o Lleó Fontova interpretando diversos personajes o unas pianolas. Enfrente se encuentra su versión femenina con artistas como Adele Bosch o Madame Breit.

Los escenarios teatrales en miniatura son otra de sus especialidades.

/ MUSEU FREDERIC MARÈS / GUILLEM F-H

Libros, bicis, foto y sonido

También hay otros teatrillos más pequeños que representan una partida de billar, la Font de Canaletes, un pueblo marinero o un castillo. La vitrina central recoge un montón de portadas de libros en miniatura con títulos como La caza del cocodrilo, La caza del jabalí, Compuesta y sin novio, El poder del ejemplo o Burla burlada. En los laterales hay dos plafones que incluyen varios apartados para conocer los vestidos, personajes y decorados en preciosos recortables y, en el extremo opuesto, una extensa colección de aucas históricas sobre Napoleón, las guerras de África, Cuba o Melilla o la “historia imparcial de la guerra civil”, como si eso fuera posible.

En una vitrina se muestra una colección de libros a tamaño reducido.

/ epc

Cinco originales bicicletas dan paso al siguiente apartado. Las hay de diversos tipos, todas ellas antiguas, e incluso monociclos o velocípedos. Junto a ellas veremos diversos objetos relacionados con la imagen y la música. Destacan los visores estereoscópicos que permitían, como si fuera una lupa, ver a un tamaño mayor las fotografías, incluso creando un efecto tridimensional (anda, que no es antiguo el 3D). Para recrear el sonido hay un gran número de cajas de música europeas y otros objetos mecánicos como pianolas, organillos de mano, fonógrafos, gramófonos, tocadiscos tradicionales o un polyphon con sus discos perforados.

El espacio central está ocupado por cinco bicicletas de diferentes estilos.

/ MUSEU FREDERIC MARÈS / GUILLEM F-H

Del cine a los juegos

Los inicios del cine también son recordados con los pioneros artilugios como el zootropo, el praxinoscopio, la linterna mágica o un proyector familiar. También podemos descubrir los juegos de mesa de nuestros tatarabuelos: la oca (en diferentes modelos), el asalto, una ruleta ¡para niños!, naipes infantiles o un manual para jugar al billar. Todo ello complementado con los programas de las procesiones de Semana Santa o documentos del ayuntamiento del alcalde Rius i Taulet.

La historia del sonido y de la imagen también tienen su apartado.

/ EPC

En la vitrina central se encuentran otros ejemplos de juegos como el arco y las flechas, un precusor del pinball del año del catapún, rompecabezas, de construcción o los franceses Cloche et marteau o Le cheval blanc. Enfrente hay estandartes religiosos de la Semana Santa y estampas de santos (seguimos preguntándonos qué tiene que ver con el mundo de los juegos). Preferimos quedarnos con los trenes, el tiovivo, los coches, la escena circense de un domador de elefantes o el órgano arrastrado por un caballo.

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El discreto encanto de los autómatas

El autómata del payaso equilibrista es la gran atracción.

/ MUSEU FREDERIC MARÈS / GUILLEM F-H

Penetramos ya en la nueva sala dedicada a los autómatas que se exponen en sendas vitrinas a ambos lados: pájaros enjaulados, un faquir, un payaso violinista o diversas mujeres tocando instrumentos como la guitarra, el piano o el arpa. En el centro se encuentra la figura principal, el payaso equilibrista en una urna. Hay que advertir que ninguno de ellos se mueve pero, más adelante, se organizarán visitas para mostrar su funcionamiento. Paralelamente se proyecta un vídeo de cinco minutos realizado por el francés Xavier Vilató, Màgia mecánica, donde podemos verlos en acción, autor igualmente del corto El mecànic i la ballarina, inspirado en este rincón.

Por último, en los paredes circundantes se muestra una amplia colección de muñecas antiguas, algunas con rostros bastantes siniestros, que parecen primas hermanas de Annabelle. También se encuentran junto a muebles como un tocador, una cama, un espejo o un columpio. Otras representan a unas señoronas de la época o a un millonario. Nos atraen más el arlequín o la adivina. Igualmente hay unos dioramas que representan diversas habitaciones de una casa con todo su mobiliario, un cochecito de bebé o un caballo para balancearse. Pequeños grandes recuerdos de los niños de hace más de un siglo que podemos descubrir en esta sala dedicada a lo que más nos gusta: la diversión.    

Hay también una gran colección de muñecas antiguas.

/ MUSEU FREDERIC MARÈS / GUILLEM F-H

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Sala de les Diversions

¿Dónde? última planta del Museu Frederic Marès (plaza de Sant Iu, 5).

¿Cuándo? martes a sábado (de 10 a 19 h.); domingos y festivos (de 11 a 20 horas).

Precio: de 2,40 a 4.20 euros.

Más información: Museu Frederic Marès.