Ruta

Escapada de película con el León TGI

La tercera ruta al volante del Seat León TGI nos descubre pueblos para los que no ha pasado el tiempo.

Telva Somoza

RÚSTICOEl entorno de esta ruta destaca por su encanto atemporal, para estos pueblos no pasa el tiempo.

RÚSTICOEl entorno de esta ruta destaca por su encanto atemporal, para estos pueblos no pasa el tiempo.
RÚSTICOEl entorno de esta ruta destaca por su encanto atemporal, para estos pueblos no pasa el tiempo.

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El precioso entorno del lago de Banyoles fue el encargado de despedir la pasada entrega de las rutas que nos llevarán a conocer Catalunya a bordo del nuevo Seat León TGI propulsado por gas natural comprimido. Esta opción de movilidad sostenible se ha convertido en la mejor excusa para descubrir que a tan sólo unos kilómetros de Barcelona podemos viajar en el tiempo entre recintos históricos amurallados y ciudades íberas que datan del siglo VI a.C, como la de Ullastret. En esta tercera edición nos adentraremos en la comarca de La Garrocha y Osona para perdernos en las ciudades medievales de Besalú y Rupit i Pruit.

Durante nuestro paseo bordeando el lago de Banyoles nos sorprendimos soñando con poseer alguna de las casitas de pescadores de blanco impoluto que se alzan como si el tiempo no corriera para ellas. Desde sus pequeños embarcaderos tomaríamos una barquita en lo que sería una cita perfecta para conquistar el corazón de cualquiera o retomar la ilusión en un fin de semana sin niños. Al lado oeste de la laguna se vislumbra el campanario de la iglesia románica Santa María de Porqueres, declarada monumento nacional en 1931. En contraposición, nada tiene de antiguo el sistema de propulsión del nuevo Seat León TGI que adapta su bloque TSI 1.4 para funcionar con gas natural comprimido y gasolina, arrancando siempre en la primera opción hasta que se agota el combustible gaseoso. Muchos desconfían de su seguridad pero les podemos asegurar que, como dice Seat, no hay nada que temer.

REFERENTE ARQUITECTÓNICO

Dejamos atrás los miedos para subir de nuevo al León TGI dirección Besalú, nuestra primera parada del día. Este pueblo encantador nace alrededor de su castillo, documentado en el siglo X, pero lo realmente llamativo y conocido es su puente románico catalogado como Bien de Interés Cultural a nivel nacional. Como todo turista condecorado no faltan los numerosos selfies o incluso algún vídeo cruzando el portal de acceso que nos recuerda a tantas películas de caballeros. Como suele suceder con todo en esta vida, las cosas es mejor observarlas desde fuera. Por eso recomendamos admirar la belleza de esta construcción desde la distancia y, si puede ser, comiendo en el restaurante Pont Vell. Así la experiencia será única. Las increíbles vistas desde su terraza harán de sus platos toda una delicia, todo en su carta le hace merecedor de nuestra elección. La cuidada atención de sus camareros, la excelente presentación de los platos y la frescura del producto bien merecen el desembolso posterior.

EL CONSUMO, SU MEJOR BAZA

Para bajar la comida nada mejor que un paseo por las calles de su casco histórico con escaleras de postal, comercio de proximidad y mucho visitante exprés. De vuelta al coche ponemos rumbo a nuestro último destino en este viaje por el noreste de Catalunya. Para llegar a Rupit y Pruït la carretera se complica. Es, de camino, en Preses, cuando el gas se agota definitivamente tras 300 kilómetros recorridos desde que salimos de Barcelona en nuestra primera entrega del Especial Seat GNC. Todavía tenemos más de 600 kilómetros de autonomía en gasolina.

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Rupit i Pruit son en realidad dos localidades fusionadas en 1977 pero el más reconocido es Rupit. Al llegar a la localidad te encuentras con un pueblo sorprendentemente bello, tanto por la arquitectura de sus casas como por el enclave en el que se encuentra. En el centro se eleva una roca bajo la cual se ha ido construyendo un pueblo peculiar de casas rústicas y calles empedradas, tan complicado de explicar como de olvidar. Es de aquellas visiones que se quedan grabadas para siempre. El puente colgante de madera construido en 1945 es, además de bonito, una buena prueba para los que sufren de vértigo. Su función de salvar el río que rodea el pueblo ha pasado a mejor vida pero sigue siendo uno de sus atractivos. En nuestro caso este es el destino final pero tras una fugaz visita nos proponemos volver y disfrutar de su maravilloso entorno.—

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