Toma pan y moja

Cómete ese removedor de café, por Òscar Broc

El café para llevar implica plástico. El palito comestible para agitarlo mitiga los remordimientos medioambientales

Cómete ese removedor de café, por Òscar Broc

El otro día me pedí un café para llevar en una famosa tienda de cruasanes de la calle Calvet. El supuesto 'flat white' de especialidad no era nada del otro mundo, no obstante, aquel café llevaba algo que me dejó boquiabierto y acabó de un plumazo con todos mis remordimientos medioambientales: un removedor comestible. Lo primero que pregunté fue: «¿Quién ha sido el genio?». La única respuesta que recibí fue el rictus de lástima de la barista. 

Resulta que los removedores comestibles de café no son un invento nuevo. Hace ya algunos años que corren por ahí, pero servidor nunca los había visto en circulación. Hablamos de una barrita compacta, una masa de galleta masticable y digerible que, en lugar de contaminar con microplásticos el mundo, termina convirtiéndose en abono. No tiene sabor y, en boca, parece una de esas galletas dietéticas sosainas, neutras, sin personalidad. Eso sí: el masaje que le da a tu conciencia es de padre y señor mío. 

Sentimiento de culpa

Los adictos al café que tenemos un ápice de conciencia medioambiental padecemos el «sentimiento de culpa del café para llevar». Un café para llevar es una bomba. Sabes que por cada uno que pidas, habrá un recipiente, una tapa y un removedor que se convertirán en basura. El café para llevar implica plástico. El café para llevar desgasta la psique del consumidor responsable. Y los molestos removedores de plástico fino tienen mucho que decir en este calvario. 

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Cada palito de plástico que usas se te clava como una daga envenenada en el pulmón. Pero el removedor comestible elimina ese dolor en la pleura y mitiga, aunque sea un poco, el sufrimiento. No obstante, es una victoria pequeña, pues todavía tenemos que solucionar el problema de la dichosa tapa, ese inútil disco de plástico que horada conciencias y permite que el café se derrame en tu camisa nueve de cada diez veces.