Toma pan y moja

¿Dónde están los cuchillos que cortan?

Parece mentira que a estas alturas del partido todavía tengamos que pelearnos con artefactos de filo mantecoso que terminan desmembrando la comida

¿Dónde están los cuchillos que cortan?

Hace un par de semanas, en la brasería de alto copete Mr. Porter me sirvieron un pedazo de carne memorable. Sin embargo, lo que más se ha aferrado a mi recuerdo no fue tanto el entrecot como el cuchillo. Un cuchillo afilado, cortante, preciso. Un orgasmo con empuñadura de diseño fabricado por el prestigioso equipo de Florentine Kitchen Knives.

Ahhh… Qué placer profanar la carne con una hoja eficaz. Qué gozada operar con un cuchillo que cortaba como un demonio, hundir la hoja en la vaca como si fuera mantequilla. Hacía mucho tiempo que no me topaba con un filo tan noble, un elemento inesperado que añadió todavía más épica a la cena. 

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Al filo de lo posible

El cuchillo es una de las grandes asignaturas pendientes de muchos restaurantes. ¿Cuántas piezas de carne habremos mutilado por culpa de un cuchillo poco afilado? ¿Cuántas pizzas habremos destripado por culpa de un mandoble defectuoso? ¿Cuántas veces habremos pedido al camarero que nos cambie el cubierto? Parece mentira que a estas alturas del partido, todavía tengamos que pelearnos con artefactos de filo mantecoso, incómodos aliados que exigen un esfuerzo de muñeca extra y terminan desmembrando, nunca fileteando, la comida. 

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El mundo se cae en pedazos, de acuerdo, pero incluso en estos tiempos tormentosos, pedir un cuchillo que corte me parece que entra dentro de lo razonable. No hace falta que sean piezas de Florentine Kitchen Knives, nadie ha exigido una katana bruñida por Hattori Hanzo en la campiña de Hokkaido, solo pido una hoja que corte, ya está. Y otro día, hablamos largo y tendido de esos omnipresentes cuchillos de hoja corta, filo dentado y empuñadura de madera que trinchan y asesinan bistecs sin que nadie los detenga.