Conde del asalto

Larga vida a Discos Revólver, por Miqui Otero

Muere Alfons Sureda, uno de los cofundadores, poco después de celebrar los 30 años de la cueva de vinilos

Discos Revólver.

Discos Revólver. / Ferran Sendra

A modo de funeral irlandés, cada vez que fallece el responsable de una tienda de discos, tendríamos que subir el volumen al once de nuestro favorito. Si quien muere es el fundador de la tienda a la que más hemos ido, se impone una visita al establecimiento, una copiosa compra y una tarde de esas de descalzarse para poner álbumes durante horas y en calcetines.

Alfons Sureda, cofundador junto a Jesús Moreno de Discos Revólver, la doble cueva repleta de tesoros de plástico negro en la calle Tallers de Barcelona, murió hace unos días. Lo hizo poco después de que la tienda celebrara sus 30 años. Abrió un 31 de diciembre de 1991: un negocio que arranca en Nochevieja necesariamente tendrá una vida larga (eterna, esperemos) y festiva bajo una buena estrella.

Yo entonces tenía 11 años, así que difícilmente podía estar en la puerta aquel día con un matasuegras, un benjamín de Codorníu y un fajo de billetes. Además, pese a ser la tienda donde más he comprado, arranqué infiel. Mi padre daba clases a los hijos de 9 años de uno de los responsables de Castelló (la competencia en la misma calle) y cada Navidad nos dejaban elegir un álbum como regalo por los servicios prestados. 

La Meca del vinilo

Sin embargo, en la adolescencia, Revólver fue el lugar. Tallers era un fanzine abierto donde buscar pistas y parches, escudriñar las pizarras Vileda donde se anunciaban conciertos de nombres inventados y las portadas de los escaparates. Revólver tiene las novedades, pero también un fondo de discos a buen precio, así que es la Meca para quien intente agenciarse una discografía de supervivencia

Moreno destacó en una entrevista en el 'Ruta 66' que en todos estos años se ha visto a Eddie Vedder hacer ejercicios dactilares en las cubetas y a Wilco dar un concierto. El momento más impactante para mí, sin embargo, fue cuando conocí cómo se vivió allí el atentado de las Ramblas de 2017: muchas personas se refugiaron en la tienda, hiperventilando, vomitando, gritando. Se repartieron vasos de agua y, quizás por primera vez desde su fundación, no sonó música, sino las noticias en la radio. Ese momento en el que no se escuchó canción alguna, la única interrupción pop, me impresionó al punto de, pese no haberlo vivido, o quizás precisamente por eso, incluirlo en una de mis novelas.

Suben las ventas 

Esta semana volvía a salir una noticia habitual estos años: han subido las ventas de vinilo o, al menos, han rebasado a las de CD. No sé hasta qué punto es cierto, pero, a pesar de la muerte de su cofundador, la salud de Revólver no parece mala. 

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Cada viernes visito las tiendas, como un católico practicante se dirige a su ermita, y hay un buen ajetreo de gente de pie o en cuclillas aventando elepés con las yemas, con esa mirada medio hueca de 'mad doctor' en laboratorio. Son diversas, pero cuando suenan los Ramones todos dicen que sí o que no con la cabeza o la levantan ladeada, como un pájaro ante un estímulo, si suena alguna novedad interesante. Este viernes lo volveré a hacer y rezaré para que no me den bolsa de tela, porque eso significaría que he gastado demasiado (es el único lugar en el que me avergüenzo de un regalo). Luego pararé en el Castells o la Masia, procederé a arrancar los precios de las portadas para quedarme solo con el valor (y sin la culpa). Y me dirigiré a casa silbando, antes de escucharlas, las canciones que pondré al llegar. Os aconsejo, por Alfons Sureda y sobre todo por vosotros, que hagáis lo mismo.