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'FINGER FOOD'

12 buenos restaurantes de Barcelona donde comer con las manos

Hoy no habrá protocolos. Te tendrás que limpiar las manos con un Black & Decker. En estos 12 restaurantes te olvidarás de que se han inventado los cubiertos. Practica el 'finger food'

Òscar Broc

Pollo a l’ast de A Pluma.

Pollo a l’ast de A Pluma. / FERRAN NADEU

¿Deberíamos utilizar las zarpas para alimentarnos? Las gastrociencia es taxativa: resulta mucho más placentero comer con las manos que usar cubiertos. Punto. Tocar te aporta información privilegiada. Cuando manoseas la manduca, estás recibiendo un 'preview' valiosísimo de lo que te espera, tiendes un puente entre la comida y tu cerebro. Y eso te lo pierdes cuando le hincas los caninos a un tenedor de Ikea. Además, siempre es más gozoso chuparse unos dedos embadurnados de salsa barbacoa que lamer una fría cuchara de acero inoxidable. 

Hoy no habrá formalismos, ni protocolos; hoy vamos a comer con estas manitas, a remojarnos las falanges con aceite, mayonesa, salsa picante y todo tipo de fluidos 'chupables'. Y no iremos a ninguna hamburguesería o pizzería, que están muy vistas. Succión dactilar y sustitución de la servilleta por el dorso de la mano, totalmente permitidas.     

1. Un domingo cualquiera: A Pluma

Debería haber alguna normativa que prohibiera comer el pollo a l’ast de A Pluma con cuchillo y tenedor. Es más, en los tres restaurantes que el chef Eugeni de Diego tiene en Barcelona, los cubiertos deberían entregarse al comensal solo bajo súplica. La brasas de carbón del Josper acarician las aves durante una eternidad. Un baño de vino rancio y un juego de especias de la casa rematan la faena. Son piezas tiernas, sabrosas, estelares. A Pluma ha elevado este manjar popular a vianda gurmet y ha tenido un éxito arrollador. 

Hunde los dedos en su jugosa pechuga, enarbola ese muslo como si fuera el micro de Julio Iglesias, disfruta sin ataduras de uno de los mayores placeres de la cultura dominical catalana. Y ya puestos, no dejes de pedir las croquetas y, oh mama, los cachos de pollo frito: tan crujientes que tendrán que reconstruirte los empastes.
Gran de Gràcia, 7. Rec Comtal, 7. Santaló, 39. 
www.apluma.com 


2. El espíritu del vino: La Catalista

La Catalista combina copas locales y bocados internacionales. / alex froloff

La sumiller Erin Nixon y la chef Laila Bazahm (madre del magnífico restaurante Hawker 45) han decidido darle una vuelta al cursilón concepto 'bar à vins' y han alumbrado una propuesta más estimulante: un acogedor espacio en el Born con una lista de platillos que puedes acompañar con copa de vino (bodegas catalanas pequeñas). Los sabores pertenecen a Laila y los maridajes, a Erin. Y la combinación de copas locales y bocados internacionales funciona muy bien. 

En la carta hay muchas joyas que podrás manipular con las garras; recetas preñadas de sabor, viajadas y con el toque Hawker 45, es decir, un puente entre Asia, Latinoamérica y Barcelona. Cuesta resistirse a las piezas de foie estilo 'crème brulée'; los sándwiches de cerdo 'katsudon' y de pollo 'po’boy' te derriten el semblante como el Arca de la Alianza; las alitas de pollo estilo bravas y las costillas envueltas en hoja de lechuga pondrán a prueba tus recursos para chupar dedos… Y si coges la torrija con las manos, recibirás el título homologado de 'finger fooder' por correo.  
Carders, 11. 
www.lacatalista.com


3. Entre pitas y flautas: Parking Pita

Parking Pita.

De los mismos productores y guionistas de Parking Pizza, llega Parking Pita, un filme con menor presupuesto que el blockbuster pizzero, actores menos conocidos (las pitas, claro) e influencias árabes no aptas para el gran público. Y pese a ser una producción para los Verdi, cuesta encontrar sitio en la larga mesa de madera que preside el local. No es de extrañar: todo está bueno y todo está barato. El pan de pita –artesanal y cocido en horno de leña– es una delicia. Y también lo que le ponen dentro: el de pollo 'eco tandoori' es mi favorito, el de cordero y el de ternera no le van a la zaga y el de falafel ganaría un Emmy al mejor secundario. Si no te has pringado los dedos lo suficiente, dale a las patatas fritas con salsa 'harissa' y a las trufas al curri. Sus efluvios magrebís perfumarán tus falangetas hasta el fin de los tiempos. 
Paseo de Sant Joan, 56.
www.parkingpizza.com


4. Esplendor en la plancha: La Bikineria

Uno de los sándwiches de La Bikineria.

Aunque haga más frío que en Minsk, apostarás por el bikini. En esta pequeña trinchera, ubicada en el interior del mercado del Ninot, se rinde culto exclusivo a tan popular sándwich. El objetivo del chef Joan Gurguí es convertirlo en objeto de culto con un pan perfecto, ingredientes cuidadosamente seleccionados en el mismo mercado, una buena plancha y una imaginación inagotable para darle la vuelta a la receta original. 

Tiene carta fija y un bikini que va cambiando según la temporada. Podrás ir a lo clásico (el de crujiente de emmental y huevo, que es para aplaudir con los pies) pero la gracia es arriesgar, pues en esta pequeña barra los bikinis de autor marcan el paso. Ahí está el Carbonara, (con 'guanciale', parmesano, cebolla caramelizada, orégano y yema de huevo) para dar testimonio. Incluso hay uno dulce para el postre, ¡con Nutella y fresas! Si tienes una personalidad compulsiva, ten cuidado, los bikinis de este negocio son como las Pringles: no podrás comer solo uno. 
Mercado del Ninot: Mallorca, 135. 
www.labikineria.es


5. Del mar a la freidora: The Fish & Chips Shop

Piezas de pescado rebozadas en Fish and Chips.

Se convertirá en uno de tus lugares favoritos en cuanto tus dedos acaricien las piezas rebozadas de pescado y aprecien la delicadeza de la costra, la esponjosidad de la carne. El 'fish & chips' que descubriste borracho en tu Erasmus en Manchester se reinventa en los varios restaurantes que The Fish & Chips Shop tiene repartidos por Barcelona. 

Los hermanos Alam parieron la idea una madrugada, después de salir famélicos del Apolo y no encontrar un solo restaurante de 'fish & chips' en el mapa. La variedad de sus restaurantes, y que me perdone Boris Johnson, es infinitamente mejor que la que he probado en Inglaterra. 

Merluza melosa envuelta en una nube de tempura que vibra en tus dedos y llega en un cucurucho de papel. Imposible no salivar con los destellos asiáticos (Pakistán a tope) en las especias de las patatas fritas. Chutney de mango y salsa tártara casera para acompañar. Y antojitos para chuparse los dedos hasta los nudillos: pide las falsas bravas de pulpo rebozado y si te desaparece alguna del plato, te bastará con examinar los dedos de tus amigos para hallar al carterista.   
Rocafort, 70. Balmes, 240. Aribau, 18. Casanova, 91. 
thefishandchipsshop.com


6. ‘Shawarma’ letal: El Cocinero de Damasco

Las baldosas arabescas te meten en la película con elegancia. Este garito de culto no necesita carteles horteras ni ornamentos magrebís de cartón piedra para convocar a sus incontables fieles; le basta con facturar los mejores 'shawarmas' que servidor ha probado en Barcelona, y juro que no han sido pocos. 
El sirio Salem Khabbaz apuesta por una jugosísima combinación de carnes (cordero y pavo) que se prepara a mano, un pan de pita ligero y crujiente, y una mezcla de especias de la casa cuyo éxito algunos aducen a la canela. Acompaña el orgasmo con el 'hummus' de la casa y su fino pan de pita (bofetón de sabor), y culmina con algún pastelito árabe. El chupito te lo tendrás que tomar en otra parte: el único alcohol que hay en este restaurante está en el botiquín. 
Templers, 2. 


7. Patacón en Las Vegas: Anormal

Tacos del restaurante Anormal.

Dale el tenedor a Uri Geller para que se entretenga doblándolo con la mente, y tú dedícate a meter la pezuña en los bocados latinoamericanos que facturan en Anormal, un restaurante de comida callejera con el sello de calidad de Spoonik, que te dejará los dedos como el palo de un churrero. Este 'tour' por América Latina se traduce en tequeños y empanadas golosísimas; tacos de altos vuelos; nachos y guacamole que saben a pornografía de alto presupuesto; yuca frita y patacones más adictivos que el Utabon; chicharrones 'latin style' que te harán llorar colesterol… Latinoamérica entre el pulgar y el índice, a golpe de producto artesanal: desde los totopos hasta las salsas se trabajan aquí a mano. Por cierto, deja una carretilla en la entrada: seguramente la necesitarás para regresar a casa. 
Bertran, 28. 
www.anormalstreet.com


8. Juego de 'pintxos': Maitea

Variedad de 'pintxos' en la barra de Maitea. / maite cruz

Cuando el cuerpo me pide 'pintxos', los pies me llevan a la barra de Maitea. En su bullicioso salón-comedor no se come precisamente mal (cocina popular vasca, honesta, con buen producto y excelente relación calidad-precio), pero la interminable barra de 'pintxos' que tiene esta taberna en su recinto de entrada debería ser patrimonio de la Humanidad; si no es la más larga y surtida de Barcelona, poco le debe de faltar. Dicen que, entre fríos y calientes, superan el centenar de ejemplares, y yo me lo creo; en sus vitrinas reposan incontables piezas en las que muchas veces se percibe la influencia de la cocina catalana: uno de carrillera, otro de sobrasada con flor de Idiazábal, otro de butifarra negra del perol con pimiento de Gernika, otro de tortilla con patata, otro de huevo de codorniz con beicon, otro y otro y otro… Acumularás tantos palillos que podrás construir el castillo de Grayskull con ellos. A tamaño real.  
Casanova, 155. 
www.maitea.es


9. ¡Ostra santa!: Joël's Oyster Bar 

Ostras de Joël's Oyster Bar. 

En los porches de La Boqueria se reparten ostras como panes. Salen de un minúsculo rincón llamado Joël’s Oyster Bar, un restaurante donde las ostras no son simples entrantes, sino las protagonistas absolutas de la carta. Las divas de la casa son excepcionales, carnosas, y las selecciona Joël Dupuch, uno de los mejores ostricultores del planeta Tierra. 

Te las puedes comer al natural (es mi opción favorita), con huevas de trucha y salsa 'ponzu', con pepino y manzana verde, o en escabeche. Deja que elijan ellos el vino blanco o el champán y, si vas a por todas, pide también la bandeja de marisco fresco con ostras, cigalas, langostinos, cangrejo real y lo que La Boqueria disponga. ¿Que quieres graduarte en la Universidad de Pico Fino? Le sumas a la fiesta un paté con tostaditas o un sándwich de cangrejo real y te cuelgas la medalla, como si fueras el Màgic Andreu del marisco. 
La Boqueria (plaza de Sant Josep Oriol, 13). 
joelsoysterbar.com


10. ‘Baos’ interactivos: Koku Kitchen Buns 

'Baos' en Koku Kitchen Buns.

Dos plantas. En el sótano, 'ramen' y 'gyozas' de gran calidad. En la planta que nos interesa, unos baos colosales que deberás construir con estas manitas. Interactividad total. Ellos te ponen los ingredientes (ensaladas y encurtidos incluidos), las salsas caseras y los panes de bao (hechos a diario al vapor allí mismo), y tus hábiles pezuñas se encargarán de armar los adentros de estos artefactos ultra esponjosos, conocidos también como 'molletes chinos'. Hay de pollo picante, cerdo braseado, ternera desmechada, tempura de calamar y vegetariano. Por si fuera poco, el desfile de tapas y platos asiáticos a prueba de cubiertos es también marcial: 'edamame', alitas con salsa coreana, pollo frito ultracrujiente, mejillones al curri verde… Ah, y de postre, un mochi para bajarlo todo. ¿Palillos? Úsalos para rascarte el omóplato o cazar moscas, como el señor Miyagi.
Comerç, 29.
www.kokukitchen.es


11. Chicken confidential: Dr. Beer & Mr. Fried 

El mejor pollo frito del Raval. Droga muy dura que no para de generar adictos. Piezas tiernas y jugosas rebozadas al estilo cajún. Tendrás que sacarte las costras de los dedos con una Black & Decker. En Dr. Beer and Mr. Fried se impone la pornografía criolla y la birra artesana. Su cocina factura unas piezas de pollo frito sobre 'waffle' casero que devolverían la cordura a un vegano. ¿El sándwich de pollo frito? Otra locura. Y el bocadillo 'po’boy', con gambas fritas, un nuevo mundo a descubrir. Por cierto, los lunes tienen una oferta que no podrás rechazar: por el precio de una ración de alitas, puedes comer todas las que te vengan en gana. Y cuando tu pareja te diga que estás a punto de reventar, recuérdale la legendaria réplica de Eugenio: «Pues dame otra y apártate».
Riera Alta, 33. 
www.drbeerandmrfried.com


12. Quesadilla en la cocina: La Pachuca 

El Pachuco es el restaurante mexicano más fiable del Raval, por eso tiene colas más largas que las sesiones especiales del Phenomena. El mexicano José Luis García, propietario del garito y autor de sus recetas, expandió el proyecto y hace cinco meses abrió La Pachuca en el Gòtic, un espacio caliente, ruidoso y callejero, con billetes de lotería mexicana como pósters y una carta algo diferente a la de su hermano. La tostada de atún marinado con guacamole y mayonesa de chipotle es antológica; los mejores tacos que he comido en Barcelona están aquí (el de pollo con mole, Díos mío); quesadillas 'top'; mezcales a gogó… Estás en México, güey: comerás como un monarca aunque vayas mal de dinero y te borrarás las huellas dactilares de tanto chuparte los dedos.
Carabassa, 19. 
www.facebook.com/LaPachucaBcn