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CIUDAD ON

Baila con el 'hula hoop' sin Enrique y Ana

En la Ciutadella te enseñan a mover el aro con la agilidad con la que Albert Rivera pasa de izquierda a derecha. Ahora se hace 'hooping' y se usa para yoga y 'fitness'

Ana Sánchez

Mika, en el centro, durante una clase avanzada de ‘hula hoop’ en la Ciutadella. Fans of Hooping también imparte talleres para fabricar aros y cursos de ‘hula hoop’ de fuego.   

Mika, en el centro, durante una clase avanzada de ‘hula hoop’ en la Ciutadella. Fans of Hooping también imparte talleres para fabricar aros y cursos de ‘hula hoop’ de fuego.    / JOAN MATEU PARRA

Es llegar a clase y flipar en colores, como se hacía en los 80. Te dan una veintena de hula hoops a elegir. Dirías que en cualquier momento van a aparecer Enrique y Ana descoyuntándose las caderas. «Bailaaa coon el huuula hoop», tarareas sin querer mientras te colocas un aro a la cintura. Lo miras con la misma nostalgia que si estuvieras viendo morir a Chanquete. Era uno de los requisitos básicos para ser un niño de EGB de provecho: bailar el hula hoop, el superdisco chino filipino y La Yenca

«Eso lo cantaba una niña con un chico mayor, ¿no?», comenta una alumna millennial subiendo la ceja a lo Sobera. Ella llega a clase con su hula hoop enroscado en el cuello, a lo collar. Sí, ahora los hay hasta plegables.

En vez de «baila-con-el-hula-hoop», con tono infantil, ahora se dice «hooping». «Es la acción de hulahoopear», explica la profesora. Hace años que  «el aro de color» de Enrique y Ana dejó de ser un juego vintage. Aquí lo llaman «disciplina». 

Si tecleas «hula hoop» en Google, saldrán más entradas que si buscas a la Pantoja en Supervivientes. En Instagram hay centenares de miles de vídeos con el hashtag #hoopdance, #hoopflow, #hooplove. Casi un millón de #hoopersofinstagram. Se usa para bailar, hacer acrobacias, yoga (yogahoop, lo llaman), incluso existe el «hula hoop fitness». «Con el aro puedes hacer de todo», da fe Mika.

Michela Pes, italiana, 38 años. Mueve el hula hoop con la misma agilidad con la que Albert Rivera pasa de izquierda a derecha. Puede girar 20 aros a la vez. Lleva 12 años en Barcelona, aunque descubrió el hula hoop mucho antes, cuando vivía en Inglaterra. «Era responsable en una empresa de márketing –recuerda–. Estaba muy estresada. Y un día salí al parque y apareció un aro». No existía ni Youtube ni Facebook. Ella ni siquiera había jugado con el hula hoop de pequeña. «No me salía», se ríe. Pero terminó creando una comunidad hulahoopera en Bournemouth. «Completamente autodidacta con mis amigas», cuenta. Apareció Youtube –2005– y empezaron a circular vídeos por internet. «Y la gente se dio cuenta de que esto era muy actual».

Mika llegó a dar la vuelta al mundo con su hula hoop. Al volver, creó la hula-comunidad de Barcelona: Fans of Hooping. De eso hace seis años. Ahora da clases en la Ciutadella todas las semanas, imparte talleres para fabricar aros y hasta da cursos de hula hoop de fuego. También está formando a instructores para extender el «hoop», dice, por toda la ciudad. Y organiza, además, un encuentro anual con profesores internacionales. Este año se celebrará la cuarta edición: del 27 al 29 del junio en el Pirineo. 

Las clases se pueden pagar sin dinero 

Si no puedes pagar las clases –anuncia en Facebook– se puede usar otra economía. «Igual podemos intercambiar tiempo», dice. «No quiero que el dinero sea una limitación».

LO+

Sentirás la misma nostalgia que si estuvieras viendo morir a Chanquete.

LO-

Al principio nadie podrá distinguir si controlas un ‘hula hoop’ o bailas el ‘Aserejé’. 

Ahí estás, frente a una hilera de hula hoops. Los hay de todos los tamaños, pesos, colores. Ya existen hasta de leds. Mika te da a probar los más grandes. «Grandes aros giran más lentamente y son más fáciles de manejar», suele repetir. Y te enseña a elegir uno de tu tamaño: te debe llegar del suelo al ombligo. 

Advertencia para neófitos: «No compres uno que pese mucho –aconseja Mika–. Son dañinos para la espalda. Que no sean más de 900 gramos». En internet  los hay desde 3 euros. Ella los fabrica a medida. «Uno plegable sale a 25 €», detalla. «Uno profesional, 45-50 €».  

Hoy hay media docena de alumnas. Todas mujeres. Por las clases de Mika han pasado solo dos hombres. Y eran profesionales del circo. «Aquí no se juzga», repite mucho la profesora. «No te compares», dice. Menos mal. Ahora nadie podría distinguir si estás intentando controlar un hula hoop o bailar el Aserejé. Lo giras con la cadera, el pecho, las rodillas. ¿Cómo?, ¿que también hay que caminar con él? Ahora pareces el del Gangnam style

«Cerrad los ojos», indica Mika. Ahora sí, mucho mejor. «Para entrar de verdad en algo, necesitas mirar desde dentro», explicará después la profesora. Para «encontrar ese flow interno», que dice ella. «La idea es buscar tu movimiento auténtico».

¿Qué engancha? «Es fácil progresar», dice Claudia. Maite asiente. Ella lleva un mes y ya da el pego al improvisar. De hecho acabas bailando en la primera clase. «Te desconecta», añade Silvia. «Y cuando estás una hora –se ríe María-, tienes el fuego dentro». La sesión termina siendo una «meditación activa», así la llama Mika. «Es algo muy terapéutico». Siempre que estés dispuesto a pasar por el aro.
 

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