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CRÍTICA

'El hijo del oligarca', de Patrick Radden Keefe: el Londres que creyó a Zac

En su nuevo libro, el periodista investiga la muerte de un joven británico que se hizo pasar por heredero ruso

El periodista Patrick Radden Keefe, autor de 'El hijo del oligarca'.

El periodista Patrick Radden Keefe, autor de 'El hijo del oligarca'. / Maite Cruz

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Marta Marne

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En 'El hijo del oligarca' ('London Falling', en el original inglés, un título que se ajusta mejor a la historia), Patrick Radden Keefe (Dorchester, Massachusetts, 1976) nos lleva a la madrugada del 29 de noviembre de 2019. Una cámara de vigilancia de la sede del MI6 captó movimiento en Riverwalk, un edificio residencial de lujo al otro lado del Támesis. Desde el apartamento 504, a las 2.23, un joven de 19 años recorrió el balcón y acabó saltando al vacío. Era Zac Brettler.

El cadáver apareció pocas horas después, pero permaneció cuatro días sin identificar, un retraso que ya anunciaba las deficiencias que marcaron la investigación. Radden Keefe conoció la historia durante el rodaje de la adaptación televisiva de 'No digas nada', su libro sobre el conflicto norirlandés. Tras entrevistar a los Brettler, convirtió el caso en un artículo para 'The New Yorker' y la investigación acabó dando lugar al libro.

El título en castellano juega en contra de lo que vamos a encontrar en sus páginas. 'El hijo del oligarca' sitúa en el centro a Zac, un joven de clase media que se hizo pasar por heredero de una inmensa fortuna rusa para abrirse paso entre millonarios y hombres de negocios. 'London Falling', en cambio, apunta hacia el Londres que hizo posible esa impostura.

Negocios e identidad falsa

El autor retrocede varias generaciones en las vidas de Verinder Sharma y Akbar Shamji, dos hombres con los que Zac había empezado a hacer negocios bajo identidad falsa. Sus historias familiares llevan hasta la emigración india a Uganda ligada al ferrocarril colonial y el racismo que encontraron después en el Reino Unido. A ese pasado se suman el de la familia Brettler y la llegada de las grandes fortunas postsoviéticas a Londres.

El recorrido permite ver cómo la ciudad fue cambiando al calor de ese dinero y cómo las fortunas descomunales dejaron de resultar extrañas. En ese marco, ganarse la confianza de alguien bien relacionado funcionaba como un pasaporte a nuevos círculos, mientras las redes sociales alimentaban sus aspiraciones y convertían el lujo en objeto de deseo.

El problema está en la proporción. Tras unas primeras cien páginas que hacen querer saberlo todo sobre Zac, su figura se diluye y la pregunta que impulsó la lectura queda suspendida durante buena parte del libro

El problema está en la proporción. Tras unas primeras cien páginas que hacen querer saberlo todo sobre Zac, su figura se diluye y la pregunta que impulsó la lectura –qué ocurrió aquella madrugada– queda suspendida durante buena parte del libro. Todo ese contexto acaba explicando cómo pudo entrar en aquel mundo, pero Radden Keefe tarda demasiado en establecer el vínculo.

La narración, ágil y construida con recursos propios de la ficción, juega a favor de unos hechos que por momentos parecen inverosímiles. En el último cuarto, la investigación devuelve a Zac al centro del relato y reconstruye las últimas horas de su vida, cuando sus mentiras lo habían atrapado en un mundo donde otros mentían a una escala mucho mayor. Radden Keefe plantea entonces una teoría verosímil sobre su muerte.

'El hijo del oligarca' funciona como retrato de una ciudad marcada por el dinero opaco y la aspiración social, y como investigación sobre una muerte que sirve de puerta de entrada a ese Londres. La amplitud con la que el autor reconstruye ese mundo ayuda a comprenderlo, aunque durante demasiadas páginas aleja al lector de la historia que lo llevó hasta allí.

El hijo del oligarca / El fill de l’oligarca

Patrick Radden Keefe

Traducción de Javier Calvo / Ricard Gil

Seix Barral / Edicions del Periscopi

496 / 464 páginas

23,90 euros