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Opinión | TE TRAIGO UN RECUERDO

Un acto de amor

Cuando no entendemos algo, quizá lo primero que deberíamos conservar es el vacío. Ese lugar pequeño en el que todavía cabe lo que ocurrió antes, lo que puede ocurrir después y todo aquello que desconocemos

La escritora Lucía Solla Sobral se estrena como colaboradora en el suplemento 'ABRIL'

La escritora Dorothy Allison, fallecida en noviembre de 2024.

La escritora Dorothy Allison, fallecida en noviembre de 2024. / Archivo

Dorothy Allison escribió: "Hay dos o tres cosas que sé con seguridad, y una de ellas es que contar la historia de principio a fin es un acto de amor". Y el caso es que algunas personas –que podrían ser la misma– se han empeñado en contar la historia escogiendo primero aquello que quieren que recordemos. Una palabra que cae justo donde había un vacío, un titular que llega antes que los hechos, una imagen que se queda encendida mientras lo demás todavía está sucediendo.

Después vienen las repeticiones, tantas que hasta lo contado empieza a tener la textura de lo cierto y lo que falta ya no se echa de menos. Hasta que una historia, la historia, parece haber ocurrido exactamente como nos la está contando ese puñado, muy concreto, de personas.

Mi padre siempre empezaba los cuentos por el final. Me hablaba, por ejemplo, del hambre, y el hambre era el desenlace de un relato que tendría que ir conociendo capítulo a capítulo, siempre a la hora de la merienda. Hoy contar algo de principio a fin es un acto casi subversivo. Hace falta paciencia para soportar una redacción que no cabe en 280 caracteres y honestidad para admitir que nada es tan sencillo como quisiéramos.

Mi padre empezaba por el final, pero mientras echaba azúcar sobre un trozo de pan con margarina iba retrocediendo despacio. Me contaba lo que hubo antes, lo que perdió, lo que dejaron de hacer, lo que tuvieron que empezar a hacer. Elegía con cuidado las palabras porque sabía que pueden alimentar, pero también que pueden dejar a una lengua yerma. Yo mordía el bocadillo y los dientes crujían sin saber que sus cuentos no los entendería hasta años después.

La contradicción que nos salva

Dorothy Allison escribió también: "Hay dos o tres cosas que tengo claras, y una de ellas es que puedes odiar y a la vez amar algo que no sabes si entiendes". Me gusta pensar que en esa contradicción queda todavía una posibilidad de salvarnos. Cuando no entendemos algo, quizá lo primero que deberíamos conservar es el vacío. Ese lugar pequeño en el que todavía cabe lo que ocurrió antes, lo que puede ocurrir después y todo aquello que desconocemos. Pero cada vez más unas versiones se pisan a otras y todas parecen llegar con una certeza recién estrenada. Lo fácil es confundir lo que sabemos con lo último que hemos oído, reduciendo el futuro a un nosotros contra ellos o a un vosotros contra mí.

Lo fácil es confundir lo que sabemos con lo último que hemos oído, reduciendo el futuro a un nosotros contra ellos o a un vosotros contra mí

Mi padre me contó su hambre para que yo no la tuviera y para que supiera reconocerla cuando volviera con otras formas y otras caras –que podrían ser la misma–. Para que entendiera que quizá lo que a mí me sobra es lo que a otra persona le falta. Para que no confundiera la herida con una consigna.

En su hambre no había amor. Pero en la manera que eligió contármela, sí. El amor suficiente para que el único hambre que yo heredara fuera el de volver siempre al principio cuando alguien intentara convencerme de que ya conocía el final, o el de la capacidad de imaginar el final cuando lo quieren obviar.

Hay relatos que se cuentan para ganar, otros para tener razón. Y algunos, los más lúcidos, se cuentan como un acto de amor para recordar lo que ocurrió sin que nadie tenga que volver a aprender una historia que ninguna persona –salvo esas que podrían ser la misma– querría repetir.