La casta de los 'tories'

Poder, fiestas y privilegio: cómo Oxford se convirtió en una fábrica de primeros ministros de Inglaterra

De los 17 primeros ministros que han gobernado desde la Segunda Guerra Mundial, 13 de ellos estudiaron en esta universidad, incluídos los cinco últimos. El periodista Simon Kuper, coetáneo de Cameron y de Johnson en Oxford, lo explica en su último libro, ‘Amigocracia'

Boris Johnson y David Cameron, dos viejos colegas de adolescencia.

Boris Johnson y David Cameron, dos viejos colegas de adolescencia. / Will Oliver /AFP

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Lucas Font
Lucas Font

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En su reciente visita a Ucrania, el nuevo ministro de Exteriores del Reino Unido, David Cameron, hizo una escueta referencia a su predecesor (como ministro de Exteriores) y sucesor (como primer ministro) Boris Johnson, ante la atónita mirada de Volodímir Zelenski. “He tenido algunos desencuentros con mi amigo Boris Johnson, al que conozco desde hace 40 años”, aseguró Cameron. El hecho de que dos personajes tan importantes en la historia reciente de la política británica se conozcan desde la adolescencia no es una mera coincidencia en el Reino Unido, donde la gran mayoría de los altos cargos del sector político, mediático y financiero han estudiado en el mismo lugar: la Universidad de Oxford.

El paso por Oxford ha servido durante años como un elemento fundamental para perpetuar en el poder a los hijos de las clases dominantes en el país. De los 17 primeros ministros que han gobernado desde 1940, 13 de ellos estudiaron en esta universidad, incluídos los cinco últimos. El periodista Simon Kuper, coetáneo de Cameron y de Johnson en Oxford, centra gran parte de su último libro, ‘Amigocracia’ (Capitán Swing), en desgranar cómo la formación académica de los dos líderes —así como la de muchos de los altos cargos de los recientes Gobiernos conservadores— ha configurado el devenir político del Reino Unido en los últimos años.  

Colegio elitista

Kuper presenta una universidad en la que, en los años ochenta, los profesores alcohólicos y acosadores campaban a sus anchas y en la que se valoraba más el origen social de los alumnos que sus méritos académicos. En ese ambiente, tanto Cameron como Johnson partían con ventaja por su pasado en Eton, uno de los colegios privados más elitistas del país. Allí desempeñaron el arte de la oratoria, una cualidad más apreciada en los círculos de Oxford que el propio conocimiento sobre lo que se decía, algo que impulsó a personajes como Johnson o Jacob Rees-Mogg (exministro para el Brexit) en sus carreras hacia el éxito.

El ensayista Simon Kuper, que también estudió en Oxford. /

EPC

Oxford sirvió como un campo de entrenamiento para muchos de los altos cargos más recientes en el Partido Conservador, que sabían desde jóvenes que tenían un hueco reservado en las esferas de poder: desde los actuales ministros Michael Gove o Jeremy Hunt, hasta los ya desterrados Dominic Cummings (exasesor de Johnson) o Matt Hancock (exministro de Sanidad durante el covid). Los clubes de debate como el Oxford Union sirvieron para perfeccionar unas habilidades discursivas adquiridas desde temprana edad, en las que lo menos importante era la posición que se defendía. El club funcionaba como una suerte de reproducción maquiavélica de la política: la forma estaba por encima del contenido y las puñaladas por la espalda estaban a la orden del día.

Dotes comunicativas

La pertenencia al Oxford Union, reservada a los alumnos más descarados y elocuentes, se combinaba con otros clubes elitistas como el Bullingdon —de cuya existencia el autor, de clase media, sólo llegó a saber tras finalizar sus estudios—, donde imperaba una cierta sensación de impunidad entre unos alumnos que se sentían destinados a manejar los hilos del país. “¿El mensaje? ‘Las reglas no se aplican a nuestra clase’. Al fin y al cabo, los miembros del Bullingdon eran los que iban a dictar las leyes en el futuro”, señala Kuper.

La combinación del desparpajo y la confianza que otorga la pertenencia a las élites, junto con la brillantez innata de algunos de sus alumnos en sus dotes comunicativas, les abrieron las puertas a la política de par en par. “Cameron y Johnson habían sido compañeros y conocían a muchos de sus nuevos colegas de la Cámara de los Comunes del colegio, de Oxford, del periodismo e incluso de haber salido de fiesta con amigos en común. La Cámara de los Comunes estaba diseñada para hombres de su clase”, explica Kuper.

Campaña por el Brexit

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El autor señala que, cuando Cameron se hizo con el liderazgo del Partido Conservador en 2005, Johnson se puso furioso. “Le parecía un derrocamiento del orden natural. Cameron estaba por debajo de él en el colegio y en Oxford, y no había ganado muchos premios, mientras que él había sido capitán de Eton y presidente de la [Oxford] Union”, señala Kuper. Por eso, cuando años después cedió a las presiones para convocar el referéndum del Brexit, Johnson y compañía vieron la oportunidad de recrear los juegos de alianzas y traiciones que habían aprendido en su etapa universitaria e hicieron campaña a favor de abandonar la Unión Europea, al contrario que Cameron. La jugada les acabó saliendo bien, al menos durante un tiempo.

Pero tanto Cameron como Johnson cometieron el mismo error, que provocó su salida apresurada de Downing Street: tener la falsa convicción de que sus habilidades retóricas les sacarían de cualquier apuro y que la clase dominante les protegía las espaldas ante cualquier decisión equivocada. La despreocupación con la que Cameron convocó los referéndums de Escocia y del Brexit, así como la sensación de impunidad de Johnson en la celebración de sus repetidas fiestas durante la pandemia fueron consecuencia de un modelo universitario que, durante años, protegió los privilegios de unos pocos y les hizo creer invencibles. Algo que, explica Kuper con alivio, ya está cambiando en los principales centros de pensamiento del Reino Unido, incluída la Universidad de Oxford.