Falta de regulación

La inteligencia artificial amenaza al mundo del doblaje: "Es posible que muchos empleos se queden por el camino"

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Doblador

Doblador / Un hombvre en una sala de doblaje

Alba Giraldo

Alba Giraldo

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Los vídeos de Belén Esteban, Mariano Rajoy y Chiquito de la Calzada hablando inglés causaron furor en las redes sociales. El doblaje generado a través de la inteligencia artificial no solamente traducía literalmente las frases que pronunciaban los protagonistas de estas grabaciones, sino que también cuadraba el sonido con sus labios e imitaba la voz. Lo que rápidamente se convirtió en un meme a través de Internet, se volvió una preocupación para locutores y actores de doblaje. Y es que, por ejemplo, Spotify anunció hace unos días que comenzará a usar esta herramienta para traducir al español episodios de algunos de los pódcasts más conocidos del mundo anglosajón.

La irrupción de la inteligencia artificial ha sido una de las claves de la huelga de actores y guionistas en Hollywood -por la que actualmente ya han alcanzado un acuerdo-. El sector siente incertidumbre porque la tecnología avanza más rápido que la legislación. La nueva normativa de regulación europea de la IA no llega -actualmente, ya lleva más de dos años en tramitación- y, mientras, los trabajadores tampoco reciben garantías que los respalden por parte de las productoras y el Gobierno.

"Es bastante factible que la ley no esté aprobada hasta principios del año que viene, pero también que tenga una moratoria para su plena aplicación de varios años. Cuando esto llegue, es muy posible que ya haya muchos empleos que se hayan quedado por el camino", manifiesta José Varela, responsable de Digitalización de UGT y experto en Derecho en IA. "La legislación tiende a mirar a la tecnología con ojos muy benevolentes. Es innovación y futuro, pero falta el aspecto laboral, una vertiente que diga: ¿cómo va a afectar a los trabajadores implicados? Estamos hablando de que en el sector del doblaje en España son más de 5.000 personas", expone.

Robos de la voz

Últimamente están surgiendo nuevos contratos que permiten que un actor o doblador venda su voz voluntariamente por el precio que considere oportuno. Los derechos que una empresa puede adquirir de la voz de esa persona pueden estar a diferentes niveles: para que se replique de manera total y se reconozca al individuo fácilmente, o bien para que a partir de ella se creen nuevas voces sintéticas que se puedan utilizar para otros proyectos.

Ya han surgido las primeras polémicas al respecto. Recientemente, el actor británico Stephen Fry denunció que la inteligencia artificial utilizó sus locuciones de los audiolibros de los volúmenes de la saga 'Harry Potter' para crear una voz que narrara un documental. El intérprete alegó que él nunca había dado su consentimiento para que su voz apareciera en ese contenido. "Por suerte, en España la ley de propiedad intelectual protege los derechos de imagen y podrías denunciarlo", explica Masumi Mutsuda, secretario general del sindicato de dobladores de Barcelona (DUB).

Sin embargo, no es tan fácil demandar cuando las empresas de inteligencia artificial utilizan sin permiso la voz de un locutor para entrenar y mejorar sus propias herramientas. La persona afectada nunca llega a saber que han usado sus grabaciones porque posteriormente las editan a su antojo. "Queremos que la normativa obligue a declarar qué bancos de datos han utilizado para crear esa voz artificial o entrenar sus modelos y, si ha sido con personas concretas, que estas perciban algún tipo de compensación", reivindica Mutsuda. Asier Sola, locutor y actor de doblaje, también exige reconocer la autoría: "Si una máquina ha usado miles de voces de gente que no lo ha consentido, ¿quién es el creador? ¿El inventor de la máquina? ¿El que pone la voz? ¿Todos? ¿Nadie? Eso está en el limbo". 

Calidad baja

Desde las asociaciones también defienden el derecho de los usuarios a saber si están consumiendo un doblaje generado por un humano o por la IA. Todavía es una herramienta cara y las empresas no están seguras de si va a ser rentable y si, en caso de serlo, va a ser socialmente aceptado. El doblaje es un proceso que va desde la traducción y adaptación del guion, hasta la dirección y la actuación, donde el locutor tiene que traspasar el sentimiento del actor original al idioma elegido. "Estas nuevas herramientas hacen una traducción literal sin entender el contexto, no hay adaptación local y se pierden los matices. Seguramente, si lo ve una persona inglesa, le sonará extraño", expone Mutsuda.

Varela considera que estamos lejos de una aplicación total de esta tecnología porque todavía no tiene "un gran nivel de calidad" y "no está lo suficientemente depurada" como para llegar a casos muy concretos como, por ejemplo, el doblaje de personajes tartamudos o escenas que requieran un alto nivel interpretativo. "Si quiero ver un documental, igual no me importa que esté doblado por la IA, pero si quiero ver la última película de Tom Cruise, seguramente querré que esté hecha por profesionales", añade Mutsuda. La inteligencia artificial no tiene singularidad tecnológica, es decir, la capacidad de una máquina de conocerse a sí misma, pero sí que puede llegar a niveles de imitación y réplica muy elevados.

Primeras aplicaciones

El actor de doblaje David Garcia Llop insiste en que estas aplicaciones "no doblan", sino que son una "traducción simultánea" que puede complementar a pequeños creadores de contenidos como pódcasts. "Sustituir al doblaje como tal, lo veo bastante lejos", concluye. "Pero esta tecnología sí que está preparada para cargarse un montón de empleo de cuestiones muy sencillas", comenta Varela, como audiolibros, películas o series de dibujos animados y producciones donde la dicción no tenga que ser excelsa y las emociones no necesiten estar acentuadas. "En el fondo ya está ocurriendo. La pregunta es cuándo llegará a ese pico de máxima capacidad, que es muy difícil todavía de valorar", explica.

Según Asier Sola, la calidad de las producciones audiovisuales ha empeorado: "Quieren más cantidad que calidad, automatizarlo y sacarlo lo antes posible". Pero de eso también tiene culpa la sociedad. Con la actual rapidez en el consumo, se generan contenidos continuamente y las condiciones son inferiores. Poco a poco, los espectadores van aceptando estos productos: "En esta tendencia a la que nos estamos dirigiendo, a lo mejor no choca tanto una IA". No obstante, el locutor intenta encontrar el lado positivo a estas nuevas herramientas y considera que "pueden llegar a cubrir necesidades que la industria tradicional no cubría", como el doblaje de audioguías o 'e-learnings'.