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'Posesión infernal: El despertar'

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Nando Salvà

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La quinta entrega cinematográfica de la deslumbrante saga iniciada por ‘Posesión infernal’ (1981) contiene numerosos guiños y referencias a la trilogía original de Sam Raimi, pero no es un mero ejercicio de reciclaje. De entrada, no se molesta en reproducir el virtuoso ‘slapstick’ que trufaba esas películas -especialmente ‘Terroríficamente muertos’ (1987) y ‘El ejército de las tinieblas' (1992)-, y tanto su severidad como sus momentos de ‘gore’ extremo la acercan al notable 'remake' que Fede Álvarez dirigió en 2013.

Si hasta ahora el hábitat natural de la saga era una cabaña en el bosque, aquí el director Lee Cronin trata de mantener la atmósfera de claustrofobia trasladando la acción a un ruinoso edificio de apartamentos; asimismo, si varias de las películas predecesoras generaban tensión convirtiendo a los amigos del héroe en criaturas malignas, esta basa su premisa argumental en la perversión del amor materno: una madre se vuelve contra sus propios hijos, y tratando de asesinarlos de la peor manera posible usando cualquier instrumento a su alcance. Un rallador de queso, por ejemplo.

A decir verdad, los personajes y sus conflictos familiares son explorados de forma algo vaga, y eso resta al inevitable baño de sangre parte de la fuerza dramática que Cronin sin duda busca. En cualquier caso, la película ofrece dosis generosas de lo que su público natural sin duda espera de ella: una sucesión de secuencias de terror y brutalidad extraordinariamente bien ejecutadas, por momentos matizadas con concesiones al humor -como ese ‘gag’ sobre un globo ocular arrancado que aterriza en la boca de un personaje-, y muy hábiles a la hora de manejar la angustia visceral que genera ver a niños en peligro.